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Editorial
Ya no da más
No más repotenciar un puente ruinoso por fuerza de funcionar. Lo que se necesita, y con toda urgencia, es reemplazarlo por otro.
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Jueves, 1 de Septiembre de 2016

Es el criterio de muchos, reiterado hace pocos días por el empresariado de Norte de Santander: el puente Mariano Ospina Pérez, sobre el río Zulia, ya no da más, hay que reemplazarlo.

Y, cuanto antes mejor, para evitar las consecuencias de un bloqueo vial, que generaría una especie de catástrofe económica en el caso de que la viejísima estructura de concreto y acero caiga al agua.

Y, aunque no caiga, un nuevo puente es necesario para superar, de manera definitiva, la zozobra de que el puente se derrumbe, por un lado, y la necesidad de actualizar la infraestructura nortesantandereana, por otro.

Incluso cuando el puente está en pleno funcionamiento, ante él se forman trancones monumentales, porque de dos calzadas de doble carril se pasa, sobre el puente, a un solo carril ampliado. El paso se restringe, por todas las limitantes técnicas que tiene, en un 75 por ciento en los momentos de mayor actividad.

Que un puente como el que se necesita allí cuesta millonadas es cierto, pero es necesario invertirlas. Hay que actualizar la infraestructura y enfrentar con la decisión necesaria, la posibilidad de que el comercio internacional, por ejemplo, se paralice por razón del viejo puente.

Aplazar una solución allí es arriesgar muchos mayores costos, generar más pérdidas de las que se han ocasionado por razón de los extratiempos tanto de los vehículos como de su carga, y dar una muestra de ese desdén hacia esta región, que algunos funcionarios ni siquiera se preocupan por ocultar cortésmente.

Además, es una situación de gran injusticia con este departamento, al que como por arte de birlibirloque pretenden traspapelarle la doble calzada de la vía Pamplona-Cúcuta, con el argumento baladí de que no hay dinero para financiar la obra.

Quizás falta algo de dinero. Pero, sin duda, lo que más falta es voluntad política de algunos ministros y, sobre todo, trabajo intenso y mancomunado de los congresistas y otros líderes políticos para gestionar lo que el departamento merece y necesita, incluso a pesar de ellos.

Es comprensible que se pretenda sacar el máximo provecho a obras como el puente Ospina, en momentos en que el país está corto de recursos económicos, pero la solución que se está buscando no es un juego de niños que cantan que el puente está quebrado, porque en este caso el remedio no son cáscaras de huevo.

Después de 66 años, muchas estructuras, y más un puente que soporta el paso de miles de toneladas cada día de mercancías que van y vienen por una de las carreteras más estratégicas del país, y una de las más abandonadas.

En el Gobierno nacional deben saber que no se está pidiendo limosna, sino exigiendo lo que en derecho le pertenece a este departamento al que le niegan sus posibilidades de desarrollo sin que nadie tenga el valor de decir por qué.

No más repotenciar un puente ruinoso por fuerza de funcionar. Lo que se necesita, y con toda urgencia, es reemplazarlo por otro, acorde con la carretera a la que sirve y con las circunstancias del mundo de hoy. No del de hace 66 años.

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