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Editorial
Violencia y amenaza en entornos escolares
Un campanazo de alerta resuena en el sector educativo público del área metropolitana de Cúcuta y de Norte de Santander  
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La opinión
La Opinión
Viernes, 19 de Septiembre de 2025

Un campanazo de alerta resuena en el sector educativo público del área metropolitana de Cúcuta y de Norte de Santander  como consecuencia de recientes manifestaciones de violencia en contra de los docentes.

Como si eso ya no fuera lo suficientemente grave, lo peor es que esas acciones surgen dentro de componentes de la misma comunidad educativa, lo cual nos indica que la región y la ciudad se encuentran muy  afectadas por los problemas de convivencia ciudadana.

Hay que conformar una especie de alianza entre las autoridades educativas, culturales, de seguridad y de salud para desarrollar el trabajo que permita desactivar tan riesgoso escenario.

Lo primero que se viene a la cabeza al notar esa clase de actuaciones y reacciones irascibles es que el conflicto armado, la inseguridad y los problemas sociales y económicos  son unos grandes aportantes, debido a los efectos colaterales que generan.

Hay que hacer algo urgente puesto que no podemos seguir sumidos en un círculo en donde la intolerancia quiere imponer unas condiciones cargadas de violencia verbal y física para solucionar cualquier problema o superar diferencias.

Esas manifestaciones de irascibilidad que llevan a proferir amenazas, al uso de lenguaje inadecuado o hasta agresiones físicas necesitan intervenciones de especialistas en Psicología o Trabajo Social, por ejemplo.

Hacer uso de las intimidaciones contra los profesores por cuestiones relacionadas con su labor en los establecimientos educativos es una opción equivocada que genera muchas complicaciones y enturbia uno de los ambientes que debería estar reservado para el saber, la cultura, las artes, el compañerismo, la buenas costumbres y la disciplina. 

La labor preventiva es urgente para salirle al paso a cualquier eventualidad de peores consecuencias, porque todo indica que existe una tendencia creciente sobre la ocurrencia de este tipo de acontecimientos, como se advierte en las informaciones que se han venido publicando.

Por eso hay que trabajar sin descanso hacia la implementación y desarrollo adecuado y profundo de acciones como la de escuela territorio de paz  y escuela sin violencia, que aglutinen a la sociedad frente a estos hechos que no pueden dejarse prosperar.

Inculcarles a los niños, adolescentes  y jóvenes que el diálogo es la mejor alternativa es algo sustancial, pero ahí también se tienen que involucrar a los padres y demás miembros de la familia, para recordarles a ellos que la violencia es una salida muy peligrosa y que hay toda una posibilidad de opciones para superar los conflictos.

Al adentrarnos, podemos darnos cuenta que igualmente se necesita aquello que  tanta falta hace en Cúcuta, como es la cultura ciudadana, algo sobre lo cual se habla mucho pero nunca nos hemos puesto de acuerdo para impulsarla.

Al recordar que todo está enlazado, es indudable que la tarea de todo un equipo interinstitucional y de profesionales debe trascender los linderos escolares, entrar a los hogares, la oficina, la empresa, el negocio, el parque y la calle para trabajar arduamente y tal vez durante mucho tiempo, hasta llegar a alcanzar metas cualitativas en relación con un mejor comportamiento humano.


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