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Editorial
Vida de viejos
De 2012 a 2015, el hambre mató a 3.899 viejos...Y para ellos no hay defensa, no hay ICBF que valga.
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Miércoles, 27 de Abril de 2016

Solo ahora Colombia es consciente de que sus hijos mueren de hambre, a pesar de que desde hace largos años se registran altos índices de desnutrición.

Sin embargo, detrás de las cifras se esconden realidades que espantan: los niños son mostrados como las principales víctimas del hambre: entre 2012 y 2015 murieron 1.127 infantes desnutridos.

Las razones son, sin duda, la pobreza, la ignorancia de muchos padres, y la falta de más apoyo del Estado, a pesar de la intervención del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) a través de programas en defensa de la niñez.

Pero, más allá, hay matices de la misma razón para explicar otras muertes: la miseria, la enfermedad y el olvido de los viejos, generadas por la ingratitud, que según datos del Dane, están matando más adultos mayores que niños. Realmente, 3 por 1: en el mismo lapso 2012 a 2015, el hambre mató a 3.899 viejos.

Y para ellos, para los mayores de 60 años, no hay defensa, no hay Icbf que valga. En síntesis, están absolutamente solos, desprotegidos.

Para los investigadores, algunas causas de esta situación son el abandono, la falta de seguridad social, la ausencia del Estado para su protección y los malos hábitos nutricionales, su condición de salud por discapacidad e, incluso, su falta de dentadura.

Todas se resumen en una: ingratitud con las personas que lo dieron todo en favor de sus familias y de su país, y se olvidaron de ellas mismas, y hoy se mueren en cualquier calle, sin asistencia, abandonados incluso por sus recuerdos.

Para la socióloga y maestra de la Universidad Nacional Nubia Ruiz, la muerte de viejos por causa de la desnutrición configura un hecho muy grave que cada día cobra dimensiones más grandes.

“El acceso a la alimentación en Colombia cada vez está más ligado a la capacidad adquisitiva: a la población sin recursos se les cierran las posibilidades de alimentarse bien”, explicó Ruiz en un estudio reciente. “Es posible que coman dos veces al día, pero muchos alimentos de mejores propiedades o nutrientes están fuera de su alcance”.

A esto se suma el resultado de un estudio de la Universidad Externado, que da cuenta de que solo 25 por ciento de los adultos mayores tiene pensión y 22 por ciento vive en hogares pobres. Y si se tienen en cuenta los ingresos propios de esta población, se evidencia una mayor incidencia de la pobreza, que así alcanza 46 por ciento.

Pero, mientras para la niñez la situación parece mejorar en la medida en que más organismos y entidades privadas y del Estado se preocupan por ellos, hacia los viejos no hay la misma preocupación ni se observa la misma diligencia. Por eso, el problema se agrava.

En Colombia hay 5,2 millones de personas mayores de 60 años (10,8 por ciento de la población) pero, de acuerdo con las proyecciones, se estima que para 2050 esa cifra llegará a 14,1 millones, es decir, que ese grupo equivaldría al 23 por ciento de los habitantes.

Al respecto, la Organización Mundial del Trabajo (OIT), en su más reciente estudio, señaló que en Colombia, por cada 100 personas de 65 años y más, no hay ningún trabajador formal que se dedique en tiempo completo al cuidado a largo plazo de esta población vulnerable, mientras que en un país como Noruega esa cifra es de 17,1 empleados.

Estas carencias son, sin duda, causas de que durante sus últimos años los adultos mayores enfrenten todo tipo de dificultades, a veces incluso dentro de sus propias familias, que finalmente los marginan de una sociedad indolente, que nada hacen para evitarles la muerte en condiciones absurdas de desnutrición y hambre física.

Total, en Colombia parece primar el criterio según el cual los ancianos son como muebles viejos que basta con desechar y arrumar en cualquier rincón, hasta que desaparezcan…

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