Por mandato de la Asamblea General de las Naciones Unidas hace 24 años, el 22 de marzo se celebra el Día Mundial del Agua, que se estableció como un medio de llamar la atención sobre su importancia vital y la defensa de la gestión sostenible de los recursos hídricos.
El agua es la fuente de la vida y en el planeta una minúscula cantidad, menos del 1% del agua, según expertos, está disponible para millones de personas y una multitud de ecosistemas. Esa minúscula cantidad, es la que tenemos que utilizar para cubrir todas nuestras necesidades: riego, industria, agua potable y servicios sanitarios y las necesidades de miles, sino millones, de otras especies con las que compartimos el planeta.
En vísperas de la nueva celebración es pertinente que todos tengamos siempre presente que el agua es un recurso fundamental e importante para el desarrollo de la vida, lo cual nos obliga que también siempre tomemos conciencia de su uso adecuado, racional y correcto.
Pero, mientras que en partes del mundo el agua es muy escasa y millones de personas mueren a falta de este recurso; en nuestro medio, en nuestro país, y por qué no decir en muchos países de América, el agua no es tan valorada.
Por todo ello, nuestros hábitos de consumo un tanto despreocupados como irresponsables, el aumento de la concentración de la población mundial, la contaminación de las fuentes básicas de obtención y otros factores han provocado que muchos expertos en la materia hayan puesto el grito en el cielo como uno de los principales focos de preocupación medioambiental.
Por estos días se han revelado los resultados de la encuesta de Calidad de Vida hecha en el país por el Dane, que revela que los colombianos se esfuerzan más en ahorrar energía que agua. Mientras un promedio de 78,8 por ciento de los colombianos realiza prácticas para reducir el consumo de energía eléctrica, solo 32,6 por ciento las hace para minimizar el consumo de agua, según esta encuesta.
Revela también que lo que más hacen las personas en la cotidianidad es apagar las luces mientras nadie esté haciendo uso de ellas, con 91,4 por ciento de los casos, y usar bombillas de bajo consumo, o ahorradoras, que encuentran en los mercados por un precio adicional que se vería reflejado en la disminución de la tarifa que pagan en las facturas.
Por el contrario, la práctica más realizada para ahorrar agua está relacionada con la reutilización del líquido y esta solo llega a ser aplicada en 48,9 por ciento de los casos consultados. Seguido se encuentra el uso de tanques sanitarios de bajo consumo (35,3 por ciento), la recolección de agua lluvia (29,9 por ciento) y el uso de economizadores de agua para la grifería (16,2 por ciento). Esta situación puede tener su explicación porque el costo de la energía pega con más impacto en el bolsillo de los colombianos.
Pero hay que perseverar en las campañas y acciones para el ahorro y el uso racional del agua. Esta tarea corresponde a las autoridades territoriales que deben redoblar sus esfuerzos y continuar creando conciencia en la comunidad sobre su necesidad y beneficios.
