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Editorial
Un vaso de agua
Corponor pretende que todos los cucuteños conscientes de la situación de desastre del río, vayan hasta la orilla y echen agua al río.
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Viernes, 8 de Abril de 2016

Nadie le negaría un vaso de agua a alguien que agoniza, aun sabiendo que va a morir. 0 ¿usted lo haría?

Pues, como se sabe desde hace varios años, el río Pamplonita agoniza, está más muerto que vivo, y necesita de todos aquellos a los que ha servido, y que son los mismos que lo han destruido. Es decir, principalmente los cucuteños.

Mientras en el mundo entero las ciudades se vanaglorian, con todo orgullo, de sus ríos tutelares —en Suiza, Ginebra dice que el Ródano es hoy más grande y limpio que cuando nació la ciudad—, en Cúcuta, el Pamplonita solo interesa para usarlo como alcantarilla y vertedero de todo tipo de basuras.

Su situación es tan dramática, que hace cuatro semanas, por momentos se temió que, por primera vez en su larguísima vida, dejara de fluir. Su corriente era en esos días tan penosamente pequeña, que conmovía. No a todos, claro está. Un oportuno aguacero en su nacimiento impidió que el Pamplonita hubiera muerto de sed bajo la terrible canícula de El Niño.

Pero aguaceros providenciales no caen siempre; al contrario, llover no es la norma en los actuales tiempos de dramáticos cambios climáticos por razón de los abusos permanentes y la depredación del hombre sobre la naturaleza.

Corponor, la máxima autoridad ambiental de Norte de Santander, saldrá a  buscar el río, para expiar sus culpas, que también las tiene, y para brindar a los cucuteños la posibilidad de reivindicarse con el Pamplonita, en una jornada que hará recordar las misiones de último minuto para salvar la vida de un moribundo.

No es exageración para despertar el interés general sobre el río, es la pura verdad: si el río no recibe atención pronta y definitiva, dejará de existir, en medio de la vergüenza de los nortesantandereanos y de la recriminación universal.

Así que mañana será un día dedicado por entero al Pamplonita y al agua.

Corponor pretende que todos los cucuteños conscientes de la situación de desastre del río, vayan hasta la orilla y echen agua al río. Desde luego, potable o, al menos, libre de impurezas visibles. Es el vaso de agua para salvarle la vida al moribundo. Será un gesto oportuno y agradecido de los cucuteños para el río que les ha dado tanto durante toda su vida.

Sería también muy oportuno que Corponor decidiera, de una vez y para lo que le quede de vida al río, cancelar las concesiones a las empresas que viven de explotar el material de arrastre, sin importarles que entre la arena y las piedras se llevan —ya casi nada queda— la vida animal y vegetal de la corriente.

Y a los cultivadores estacionados en las riberas del río negarles permisos y beneficios que después traducen en contaminación química grave que descargan, inconscientes, en la corriente exangüe, convertida a partir de allí en veneno.

Y, claro, también sería muy oportuno si todos los cucuteños dedicaran al menos un minuto a reflexionar en torno del daño que le causan al río con todas las basuras que le arrojan, colchones incluidos, en una actitud de displicencia que mañana les dolerá a sus hijos.

La jornada de mañana busca crear consciencia sobre la enorme necesidad de conservar no solo el río Pamplonita sino todas las fuentes de agua, y el medio ambiente en general, del que todos dependemos.

Y hay que hacerlo ya, antes de que mañana el río sea solo un gran sendero de arena y piedras que solo brindará felicidad a los concesionarios del material de arrastre…

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