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Editorial
Un punto negro
¿Será que en relación con La Parada actuarán con la misma desidia, con igual desinterés?
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La opinión
La Opinión
Sábado, 5 de Noviembre de 2016

Es una especie de El Bronx bogotano, pero sin los drogadictos agonizantes. Hay de todo lo demás: crimen organizado, ilegalidad, informalidad, terror, mafias, violencia sin control, abandono de las autoridades… especialmente esto último.

Esa, y quién sabe cuántas cosas feas más, es La Parada, dolor de cabeza de Villa del Rosario, donde un puñado de familias honradas convive —no tiene opción diferente—, con criminales de alto vuelo y muy baja laya.

Los ocurridos el viernes, cuando asesinaron a cinco personas —cuatro en un solo episodio—, son hechos muy preocupantes que debieran mover de inmediato no solo a las autoridades locales, sino a las departamentales y nacionales.

Fue una matanza junto a la línea imaginaria de frontera, cometida por varias personas que cruzaron desde Venezuela con el fin exclusivo de asesinar, después de una serie de amenazas de las que muchos en el sector estaban enterados.

En La Parada dicen que los agresores son guerrilleros del Eln, que pretende ejercer control a lo largo de la frontera con Venezuela, algo que parece no tener una explicación coherente con su decisión de no levantarse de una mesa de diálogo de paz con el gobierno del presidente Santos.

Pero, el detalle de que en la masacre en el arrozal los asesinos hayan usado fusiles lleva a pensar que detrás hay una organización clandestina poderosa y con conocimientos militares. Como las guerrillas colombianas…

En caso de que sean ciertos los rumores, ¿qué busca el Eln en La Parada y, en general, en la frontera? Desde luego, para una organización clandestina, en la región hay muchas situaciones que se pueden controlar y aprovechar: todo lo que se relacione con el contrabando de lo que sea —incluida la droga— es una de ellas.

La realidad es que desde Arauca hasta Juan Frío —unos 500 kilómetros, más o menos— casi nadie se atreve a disputarle el control al Eln. Así, La Parada viene a ser un punto lógico —punto negro, realmente— de cierre de su territorio…

Esta eventualidad plantea un  problema complicado para Cúcuta y para las autoridades: a la delincuencia común y su violencia se les agrega violencia política, y así, el coctel explosivo es de mecha mucho más corta.

Ojalá las perspectivas estén equivocadas. Sería una situación muy difícil de manejar, por la explosividad de la frontera y la situación favorable que el Eln ha tenido siempre en Venezuela.

Pero, lo que no se puede descuidar más, es la realidad de La Parada: cinco asesinatos en 24 horas debieron haber generado una intervención masiva de todas las autoridades, encabezadas por la Policía y los órganos de control. Pero, hasta donde se supo, ayer nada extraordinario ocurrió en ese sentido.

Hay que evitar que se repitan tantos fenómenos que se hacen inmanejables, por negligencia oficial. Primero fue un rumor de que en Juan Frío actuaban bandas paramilitares. Luego, que incineraban a sus rehenes en hornos. A nadie preocupó, y es uno de los episodios más macabros de la historia colombiana lo que allí pasó y las autoridades permitieron que ocurriera.

¿Será que en relación con La Parada actuarán con la misma desidia, con igual desinterés? Toda la sociedad está, advertida, pero más la Policía y el Ejército y la Dian y la Fiscalía… ¿Hacemos silencio, entonces?

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