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Editorial
Un mal precedente
En el 2016 se registraron 314 muertes violentas, 81 más que en 2015, año en el que se presentaron 233.
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Martes, 3 de Enero de 2017

La buena noticia de haber alcanzado en el 2016 la cifra de homicidios más baja en los últimos 42 años en Colombia, se vio opacada por las indicadores con los que cerró el año en Cúcuta y su área metropolitana.

Mientras en el país celebraban un logro que demuestra un avance sin precedentes, aquí las cifra de homicidios se disparó, presentando un aumento del 35% y cerrando el año con un saldo negativo en este materia.

En el 2016 se registraron 314 muertes violentas, 81 más que en 2015, año en el que se presentaron 233.

Hace poco mencionábamos en este espacio que la seguridad es uno de los retos más importantes que tienen las autoridades para este año que comienza, y estas cifras refuerzan aún más ese mensaje.

El control del microtráfico en Cúcuta y sus barrios periféricos se ha convertido en una lucha que, sin duda, ha incidido directamente en el aumento de este delito. Esta disputa influye de forma importante también en el deterioro de la percepción de seguridad en los ciudadanos.

Otro factor que posiblemente tiene relación con el aumento en las muertes, es la dinámica propia de las bandas criminales presentes en la región, en las que se han presentado disidencias que generan subgrupos que a su vez terminan enfrentándose.

Es el caso, por ejemplo, de lo que ha sucedido con el Clan del Golfo, cuya estructura se fraccionó en tres, generando una lucha a muerte entre ellas por el control del territorio fronterizo.

La lucha por el control del microtráfico se ha librado con especial intensidad en ciertos puntos de la ciudad; uno de estos es el barrio El Callejón, una zona que no comprende más de 4 manzanas y donde se registraron 19 homicidios en el 2016.

A pesar de la acción de la Policía, que anunció varios operativos especiales en la zona a lo largo del año, las muertes siguieron ocurriendo.

El hecho de ser frontera genera unas condiciones especiales que a la hora de hacer diagnósticos, deberían ser tenidas en cuenta para el diseño de estrategias.

El ingreso de cerca de 50 mil personas diarias provenientes de Venezuela y de las trochas que comunican a ambos países -muchas de las cuales arriban buscando opciones de supervivencia ante la crisis que afronta su país- puede estar generando un aumento en las cifras de criminalidad.

En el año se presentaron 46 casos de muertes enintentos de robos, mientras que 234 muertes fueron producto de venganzas, ajuste de cuentas o retaliaciones, y 34 hechos de intolerancia tuvieron como consecuencia la pérdida de la vida.

Estos tres frentes -el de los robos que cobran vidas, las riñas y los hechos de intolerancia- merecen especial atención y el desarrollo de estrategias contundentes que permitan una intervención especial en las zonas más críticas.

Hay que reconocer que la Policía ha dado golpes contundentes a cabecillas de organizaciones criminales a través de la estrategia de visibilizar a los más buscados, pero esto parece no ser suficiente. Lamentablemente, los resultados, mucho más desalentadores que los dos años anteriores, demuestran que se requiere con urgencia un intervención sólida, contundente y sobre todo prolongada el tiempo que sea necesario para recuperar el control y encausar de nuevo los índices del homicidio a sus mejores épocas.

Porque es un muy mal precedente que Cúcuta siga apareciendo los primeros lugares de las capitales más violentas del país.

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