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Editorial
Última oportunidad
195 países le dieron el sí al pacto global por el clima, un acuerdo en busca de preservar la especie y la vida en el planeta.
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Lunes, 25 de Abril de 2016

Fue un primero y muy, muy difícil paso, pero se dio: 195 países le dieron el sí al pacto global por el clima, en realidad, un acuerdo de los gobiernos en busca de preservar la especie y la vida en el planeta.

Y, aunque lo parezca, no es una exageración dramática, pero el pacto global por el clima es, de verdad, el único paso posible para permitirle al ser humano su supervivencia en un ambiente totalmente hostil creado por él y su inconciencia.

El acuerdo se dio un poco tarde, porque, al menos por ahora, no hay cómo detener los efectos del cambio climático sobre Colombia: El Niño y La Niña vendrán con más frecuencia y mayor intensidad, gran
parte de las nieves perpetuas de los nevados serán un recuerdo, amplias zonas costeras y bajas serán objetivo de las inundaciones como hasta ahora no se ha visto y las zonas de cultivo dejarán de serlo
como tradicionalmente ha sido su vocación hasta ahora.

Lo que se haga hoy en favor del medio ambiente, en el caso de Colombia se comenzará a notar en 15 años, cuando el proceso de deterioro comience, poco a poco, a frenarse. Pero las cosas ya no serán como hoy: si acaso, habrá hielo solo en los picos más altos, pero no en todos los que ayer enorgullecían al país.

El acuerdo firmado es un gran avance, pero, en realidad, muy poco puede significar hacia el futuro, si los gobernantes, o el mundo sin ellos, no avanza con determinación hacia la sustitución de combustibles fósiles (petróleo, carbón…) de manera inmediata y definitiva.

A fin de que la temperatura del planeta crezca anualmente menos de dos grados centígrados, el mundo tendrá que adoptar drásticos planes de reducción de las emisiones de gases efecto invernadero, es decir, aquellos producidos por los autos y la industria en general.

Para lograrlo, cada país deberá elaborar un plan de trabajo que entregará a la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), encargada de aprobarlo. Desde el fin de semana, Colombia trabaja en el suyo, con consultas a los ministerios, para luego presentar el proyecto ante el Congreso.

Con ese plan, Colombia cumple con el mandato de ONU de reducir hasta 2030 en 20 por ciento la emisión de gases de efecto invernadero, reducción que se distribuirá entre industria, transporte, agricultura, energía…, a través de identificar y gestionar recursos que permitan que el plan se cumpla.

Sí, habrá un sacrificio, quizás mayor para unos sectores, pero, a se trata de salvar el planeta y lo que soporta. Y esa acción se cumple ahora, o ya jamás se podrá, porque el mundo será muy diferente de como lo conocemos, un medio tan hostil que solo conducirá a la extinción de todas las especies, quizás el hombre antes que las demás.

La reticencia de algunos países, las grandes potencias industriales como Estados Unidos para firmar un acuerdo que disminuya el riesgo del planeta por el calentamiento global, se superó ante la realidad: un mundo convulso, con serios problemas climáticos contradictorios y simultáneos; con elevación permanente del nivel de las mareas, alteración dramática de procesos productivos naturales (chile dejó de producir salmón, a causa de algas inesperadas) y la destrucción de infraestructura por incendios, en unas regiones, o por deslaves por causa de la lluvia, en otras…, en fin, por múltiples señales de fatalidad muy próxima.

Pero, siquiera el mundo se dio una oportunidad, la última.

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