Hacia la apertura económica de la frontera: avances y retos”, fue el interesante foro que deliberó en Cúcuta, en donde la conclusión central es que todo está listo para que la reapertura absoluta se haga realidad.
En ello, el puente de Tienditas junto con su infraestructura adecuada, debe de jugar papel central para la reactivación del intercambio binacional de mercancías entre Colombia y Venezuela.
Esa millonaria y esperada obra por parte de ambos países, tiene por fin que entrar a operar como se esperaba, en el eje del movimiento de camiones y de las importaciones y exportaciones, aprovechando la capacidad de servicios de que está dotado.
Además, ese paso llevará a que se descongestionen los que siempre vimos complicados cruces sobre los puentes Francisco de Paula Santander y Simón Bolívar, que quedarían solo para vehículos de transporte de pasajeros, según lo que estaba previsto.
Y mientras esa gigantesca infraestructura fronteriza sin uso, como consecuencia del rompimiento de relaciones diplomáticas, podrá tener vida, es lamentablemente cierto lo que se le escuchó decir a uno de los panelistas, sobre los resultados adversos de ese nocivo distanciamiento entre los gobiernos de Bogotá y Caracas.
Se aumentó la pobreza, se aumentó el desempleo, la informalidad, la inseguridad, tenemos problemas de distribución del ingreso gravísimos y, por supuesto, todos los indicadores sociales son críticos, fue la advertencia que expuso el presidente de la Cámara Colombo-Venezolana, Germán Umaña Mendoza.
De lógica que al marchitarse un intercambio que en su momento de mayor auge alcanzó hasta los 8.000 millones de dólares anuales, para caer verticalmente y apenas estar desarrollándose pero por Paraguachón (La Guajira), de lógica que nada bueno ha traído para esta región de Táchira y Norte de Santander.
Los transportadores de carga y los operadores aduaneros de esta región del país confían en que se logre muy pronto la recuperación, más allá de solo paños de aguas tibias y que los procesos de reactivación de estas actividades se logre rápidamente superando todos los obstáculos.
Técnicamente, el regreso de la institucionalidad representada en que se reabran las embajadas y se habiliten los consulados, es esencial para que todo en la frontera comience a fluir de nuevo.
Conectado a eso vendrá el montaje de la respectiva infraestructura aduanera tanto en el Seniat como en la Aduana y de los demás organismos que se relacionan con el comercio exterior.
Y un elemento central, que deberá de inmediato empezar a generar confianza, es el restablecimiento también del contacto e intercambio entre las policías y los organismos de seguridad de ambos países, para la lucha contra el crimen transnacional que hoy hace de las suyas en la frontera.
Y complementariamente a estas acciones que volverán a darle el título de la frontera más viva de América Latina, también se buscará poner en el centro a los migrantes convirtiendo a la Tarjeta de Movilidad Fronteriza, a partir de la experiencia que ha tenido el Gobierno Nacional con el Estatuto de Protección Temporal, en un instrumento de identificación para los ciudadanos venezolanos en condición de movilidad pendular, que puedan acceder a bienes y servicios en territorio colombiano.
Lo cierto es que hay una gran expectativa y confianza en que las horas y los minutos de esta prolongada desazón fronteriza provocada desde antes del rompimiento de las relaciones diplomáticas, lleguen a su fin, aunque el trabajo para lograrlo será arduo, porque como dijo Ronal Rodríguez, Investigador de la Universidad del Rosario, no será posible volver a lo que era 2014 porque ni Cúcuta ni Venezuela son las mismas.
