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Editorial
Tareck El Maddah
El Aissami sabe, con toda precisión, quién es quién en Venezuela.
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Jueves, 5 de Enero de 2017

En círculos políticos y diplomáticos dicen, mordaces, que el nombre árabe del nuevo vicepresidente de Venezuela, Tareck Zaidan El Aissami Maddah, en español quiere decir El chavista más duro. Y no les falta un ápice de razón.

En contradicción con la maleabilidad y tolerancia de su cultura drusa, El Aissami es un ultrarradical, es decir, alguien que no acepta contradicción alguna, y menos en la política, que él entiende como una guerra sin tregua en la que no se tienen adversarios sino enemigos a los que hay que aplastar.

Y es El Aissami también un hombre con suerte… y con olfato de espía, como lo es: espía-policía-conspirador, espesa mezcla que le permite estar siempre en el lugar adecuado. Tanto que, sin mucho esfuerzo, desde el martes, se ubicó a menos de un paso de la Presidencia de Venezuela.

Y eso lo saben a perfección todos los venezolanos, pero, de manera especial, los líderes de la resquebrajada y caótica dirigencia escondida detrás de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). Y, obvio, el presidente Nicolás Maduro, conocedor más que nadie de todas sus enormes incapacidades y de sus pocas posibilidades.

El Aissami sabe, con toda precisión, quién es quién en Venezuela. Toda su vida política y burocrática ha estado dedicada a seguridad, investigación, policía, espionaje… en fin, a todo lo que sea averiguar de los demás. Y eso otorga poder.

‘0A políticos revolucionarios y opositores, a empresarios, intelectuales, en fin, a todos los que algo representan en Venezuela, Tareck El Aissami les conoce, porque se las ha visto, sus vergüenzas. Lleva 18 años acumulando dato tras dato, informe tras informe, confidencia tras confidencia…

Cuestionado incluso por el Departamento de Estado de Estados Unidos, por eventuales relaciones con el narcotráfico y el terrorismo del medio Oriente, a sus 42 años El Aissami es la estrella fulgurante de más rápido crecimiento en la política de Venezuela. Y el de mejores perspectivas dentro del chavismo y el Gobierno.

Como vicepresidente, El Aissami tiene todo el poder en la mano: solo le falta cerrar el puño. Y lo hará muy pronto, en busca de hacer irreversible la revolución bolivariana y socialista a la que defiende desde cuando estudiaba derecho en Mérida y apoyaba a su padre Carlos, preso en 1992 por participar en la intentona golpista con la que se estrenaron Chávez y su movimiento.

“Aspiro a que nuestra revolución bolivariana sea irreversible, lo demás no importa”. Tal es su pensamiento, tal su frase favorita, tal su objetivo fundamental. Y si no encuentra obstáculos realmente insuperables, trabajará hasta lograrlo. Su determinación es reconocida por muchos.

En cualquier momento —y la posibilidad es mucho más cercana que nunca—, Maduro puede dejar la presidencia. Quizás sea más por resultado de una decisión forzada por los duros de la revolución —que no quieren que Maduro la sepulte—, que como resultado de acciones de la MUD, como un referendo revocatorio.

En asuntos de poder, en Venezuela, hasta Maduro teme a Diosdado Cabello, el expresidente de la Asamblea Nacional. Ahora, hasta Cabello teme a El Aissami.

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