No solamente nos devolvimos otra vez al pasado, sino que ahora ya son dos los inquilinos de la Casa de Nariño quienes pasarán a la historia colombiana por haber sido despojados de la visa para ingresar a Estados Unidos.
Después de perder la certificación en la lucha antidrogas, al igual que ocurrió hace tres décadas, hoy el presidente Gustavo Petro olvidó que por la investidura de su cargo él está obligado a actuar como un estadista y no como un activista.
Es que un jefe de Estado no puede llegar a otro país y pararse en una plaza pública para llamar a la desobediencia de las Fuerzas Militares, puesto que esta es una clara injerencia de los asuntos internos, como lo hizo en Nueva York, durante una manifestación propalestina.
Actuaciones de esa naturaleza por parte de quien está al frente del poder Ejecutivo llena de más preocupación e incertidumbre a un país como Colombia al que ya no le cabe un problema más.
¿Hasta dónde nos quiere llevar presidente? ¿Qué tal que ahora nos impongan sanciones? ¿Y si el gobierno de Trump decide castigarnos con altos aranceles por esas salidas en falso? Nada de eso es descartable, por el contrario se convierten en una amenaza latente que en cualquier instante pueden ser activadas.
A la cabeza del Gobierno nacional le corresponde actuar dentro de los amplios canales que ofrece la diplomacia para tratar y exponer sus inquietudes sobre las cuestiones de Gaza y Palestina y de otra índole, por las consecuencias que para todos los colombianos puede generar el hecho de tensar a tal extremo las relaciones con Washington, como está ocurriendo en la actualidad.
En medio de la ola de críticas que se registra en el país por lo que algunos han considerado “un espectáculo bochornoso” del presidente, también lo retaron a que así como se preocupa por otras naciones empiece a liberar de la criminalidad al Catatumbo, Cauca, Arauca y sur de Bolívar.
Debe darse cuenta el presidente que todo lo que haga o deje de hacer tiene sus efectos internos externos y para nuestro caso, las fallas en la ‘Paz Total’ así como el ambiente de violencia y de inseguridad le están pasando factura en este momento porque está dando a entender que le preocupa más Palestina que Colombia.
Otra de las lecturas al asunto del presidente sin visa, es que Petro ha decidido trasladar su lenguaje de confrontación y de polarización del ámbito nacional al internacional, con frases tan delicadas por ser dichas por el representante de nuestro país, como aquella de “por eso desde aquí, desde Nueva York les pido a todos los soldados del Ejército de EE. UU. que desobedezcan la orden de (Donald) Trump...”.
La responsabilidad mezclada con cero ideologización tiene que ser la fórmula para el desenvolvimiento de las relaciones con la Casa Blanca, puesto que hay mucho en juego, al tiempo que el país espera que el presidente no vaya a jugar con el despojo de su visa en búsqueda de beneficios electorales.
El artículo 189 de la Constitución Política de 1991 señala dentro de las funciones del presidente: “dirigir las relaciones internacionales”. Sin embargo, mientras las dudas asaltan y la incertidumbre golpea a la puerta, solo se esperaría que Petro rectifique y cumpla a cabalidad con el mandato constitucional.
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