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Editorial
Sin regreso
Un 60 por ciento de los venezolanos que llegan a Cúcuta no regresa a su país. O al menos no lo ha hecho hasta ahora.
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Jueves, 1 de Septiembre de 2016

Son informaciones que ruedan por algunos despachos oficiales de Cúcuta y, todo lo indica, son reales, pero cierta reserva sobre ellas logra mantenerlas en una especie de estado de hibernación inalterable.

Una de estas informaciones indica que un 60 por ciento de los venezolanos que llegan a Cúcuta no regresa a su país. O al menos no lo ha hecho hasta ahora.

El martes, por ejemplo, a Cúcuta llegaron unos 56 mil venezolanos, y si lo del 60 por ciento que se queda es cierto, como las señales lo indican, habría 30 mil nuevos residentes nuevos en Colombia.

Esas señales muestran que las ciudades colombianas se están llenando de prostitutas de origen venezolano: Ocaña, Bucaramanga, Santa Marta, Riohacha, Barranquilla y Cúcuta, por supuesto, registran la presencia de estas mujeres en sus sitios de diversión.

Y en localidades como Villa del Rosario, Los Patios y, otra vez, Cúcuta, en muchos puestos de trabajo de ingresos bajos se percibe la presencia venezolana. Otra cosa es que los organismos encargados de actuar en ese campo no cumplan con su trabajo, o que resientan la insistencia de algunos en que señalar que algo está pasando.

Dos organismos de control que coincidieron en alertar sobre la realidad, ahora no son invitados a las mesas de trabajo sobre la frontera.

Para uno de ellos, el más sensible a la situación, advirtió que dentro de un mes podría surgir una grave crisis en el sistema de salud público de Cúcuta, por razón de la gran cantidad de enfermos graves que están llegando en busca de la ayuda que no encuentran en Venezuela.

Los enfermos son remitidos al hospital Erasmo Meoz, donde por humanidad elemental los atienden a todo costo, en una situación complicada que se traduce en desmejora lógica de la atención para los colombianos, y un gasto que ningún órgano del Estado reembolsa.

Un agravante consiste en que la gran mayoría de pacientes recién llegados requieren de atenciones muy complejas que Venezuela no está en capacidad de ofrecer. Hace algunas semanas se conoció el caso de un venezolano que demandó atención mediante una acción de tutela, y ganó, y recibió la atención requerida.

Muy seguramente, los inmigrantes irregulares no encuentran ni empleo ni facilidades en Cúcuta, por su estado de insuficiencia económica, y sigan camino a otras ciudades, aprovechando que en Colombia el venezolano puede llegar hasta donde le alcances los recursos. Pero eso no significa que no haya presión sobre la economía nacional ni que sea correcta su decisión de no regresar.

Hasta ahora, los inmigrantes están amparados por la tarjeta fronteriza, que le otorga cierta legalidad a su estatus. Pero esa tarjeta está a horas de comenzar a vencerse, y entonces todos estarán en situación ilegal.

¿Qué hará, entonces, Migración Colombia? Nada se sabe, nada se prevé. No pueden decir sus funcionarios que no han detectado lo que está sucediendo, porque es vox pópuli y porque, si llevan juiciosamente los registros, ya se habrán dado cuenta de que muchos que entran no salen.

 

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