Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Editorial
Sí podemos
Se demuestra en concreto que los nortesantandereanos sí podemos dejar atrás la ilegalidad.
Authored by
Sábado, 11 de Febrero de 2017

Desde hace muchos años se le otorgó cédula de eternidad al problema local del pimpineo. Nunca será posible erradicarlo, era el criterio generalizado. Además de ser una costumbre inmemorial, se decía, es la única forma que tienen muchos de sostener la economía familiar.

Y hoy vemos que no era así, que todos los defensores del contrabando como forma de vida legal estaban —y aún lo están— rotundamente equivocados, que el pimpineo es una expresión clara de la cultura de la ilegalidad que parece imponerse en Colombia, no solo en Cúcuta y Norte de Santander.

La prueba de que el problema no era eterno ni imposible de erradicar la dan los mismos que vivían de vender gasolina de contrabando en duras condiciones de inseguridad, por el riesgo que significa manipular, sin los elementos adecuados, sustancias tan volátiles e inflamables como gasolina de alto octanaje.

Apoyados por el Gobierno y el sector privado, vendedores de gasolina ilegal se decidieron, por fin, a dar el paso a la legalidad, y encontraron respuesta adecuada a sus necesidades: poder desarrollar proyectos empresariales en los que su aguda iniciativa se conjugara con su espíritu comerciante, pero dentro de la ley.

Y lo están logrando. Dedican estos días su energía y conocimientos a darles forma a empresas de minimercados barriales, de servicio integral a motocicletas, de recolección y comercialización de aceites usados y de producción de partes para ña industria del calzado.

Ellos y sus patrocinadores descubrieron las fallas de intentos anteriores, en los que les daban a los pimpineros un capital semilla y un crédito y los capacitaban para que se lanzaran al ruedo del comercio organizado. Pero muchos fracasaron al comenzar nada más, porque luchaban solos contra todo.

Ahora, los programas en marcha se basan en el concepto de que la empresa debe ser autosostenible, y para ello es necesario asociarse, para trabajar todos para todos, empezando por la empresa.

No todos los 5 mil pimpineros de Norte de Santander están vinculados a los proyectos, pero no queda mayor duda de que en breve lo estarán. El trabajo serio que se está haciendo para que la solución sea permanente así parece garantizarlo.

Esta iniciativa está dejando muchas lecciones. Una, muy importante, es la demostración palpable de que con un verdadero sentido social, los sectores público y privado pueden ser socios fundamentales para darles impulso a las ideas de las personas que quieren trabajar honradamente en beneficio propio y de su familia y de la sociedad.

Iniciativas como esta, del origen que sea, merecen todo el respaldo social, y parte de ello está en apoyar a las empresas que están tratando de hacerse sólidas gracias a la necesidad de acatar las normas legales.

Así, se demuestra en concreto que los nortesantandereanos sí podemos dejar atrás la ilegalidad y encontrar el camino de otros para solucionar problemas de todo tipo, incluidos los básicos de la supervivencia.

Hay que aplaudir a los gestores de la idea, a los instructores de los cursos de capacitación, a los pimpineros que creen en lo que pueden hacer, y a la sociedad nortesantandereana, que tiene un espejo dónde mirarse y decir que sí se puede…

Temas del Día