Hasta el vicepresidente, Germán Vargas Lleras, se percató de algo que este diario ha denunciado: el liderazgo político de Norte de Santander en muchas ocasiones no hace lo que debe hacer en defensa de los intereses nortesantandereanos.
Prefieren, decimos, el proselitismo partidista, el manejo de sus clientelas, la repartición burocrática, la intermediación entre contratistas y gobernantes, la consolidación de sus feudos.
Es tan impresionante esa apatía de buena parte de la clase parlamentaria por defender a su región, que alguien como el vicepresidente, ocupado en muchos menesteres, lo notó con ocasión del inminente peligro de que la vía Cúcuta-Pamplona quede como es: un camino de segunda clase expuesto a que la naturaleza lo vapulee.
Vargas dijo sentirse muy solo enfrentando al ministerio de Hacienda, porque “no he escuchado a ningún parlamentario del departamento, y mucho menos al gobernador, reclamando” por la carretera y los recursos para construirla.
Si el vicepresidente se siente solo, es porque sin duda lo está, como lo está el departamento. Como lo estamos los nortesantandereanos, con congresistas cuya participación activa en los debates en el Congreso se limitan a reclamarle al Estado porque el dinero no les alcanza para pagar la gasolina de sus autos.
La preocupación de Vargas radica en el hecho de que la vía, presupuestada en 1,2 billones de pesos, quedó en suspenso porque la licitación para construirla fue declarada desierta, ya que con la disminución del comercio binacional agravado por el cierre de la frontera con Venezuela, el volumen de circulación se vio muy disminuido y no cumplía con las expectativas que para el cierre financiero pedían los posibles constructores.
Replanteando el tema, este proyecto de la tercera ola de cuarta generación, fue entregado de nuevo al ministerio de Hacienda. Y lo que se decidió al reformularlo, fue aumentar a 1,5 billones el costo de la obra, de forma que se compense el menor volumen de tráfico por la misma mientras se recupera el comercio con Venezuela.
Pero, al parecer, el ministro dice no disponer de los recursos para la obra, pese a que el uso de vigencias futuras para financiarla ya había sido autorizado y que se prometió que los recursos de la venta de Isagen iban todos para cumplir el plan de infraestructura.
Y es en este punto en el que el vicepresidente convoca a unir fuerzas para presionar al ministro Mauricio Cárdenas a fin de que diga sí a la carretera. Han sido muchos años de espera y rezago, para que ahora que se concretaron buena parte de las vías que necesita urgentemente el departamento para su comunicación y competitividad, terminemos nuevamente frustrados, y no las lleven a cabo.
Para Vargas, es imposible que las autoridades regionales y la bancada del Congreso no se unan a este justo reclamo. Por eso anticipó que si la respuesta del ministro es negativa, responsabilizará a la clase política nortesantandereana de la suerte del proyecto.
Una razón es la de que si Norte de Santander se queda sin esta carretera vital, pese a su trascendencia, pasarán muchos años antes de que se pueda volver a materializar la iniciativa.
Pero, para ello, se necesita que todo Norte de Santander se levante unido y presione, preferiblemente con su liderazgo político al frente. Y además, vale la pena convocar también a la clase política de Santander a que haga parte de este frente común, pues para ellos es casi tan importante como para nosotros, completar este tramo entre Cúcuta Bucaramanga, vieja aspíración de las dos regiones.
