El déficit de profesores se encuentra entre las causales de deterioro de la calidad educativa, que como una cascada termina llevándose por delante a los estudiantes de los colegios públicos y sus expectativas de acceso a la universidad a cursar carreras profesionales o de estudiar idiomas o seguir cursos técnicos.
Norte de Santander es uno de los departamentos en donde las instituciones educativas oficiales registran escasa presencia en puestos de preponderancia nacional en las pruebas saber o en las demás mediciones que se hacen en torno al desempeño cuantitativo y cualitativo educacional.
Lógicamente, una de las formas de comenzar a mejorar y a cerrar brechas se relaciona con la designación de los profesores que se requieren para dictarles las clases a los alumnos y así permitir que tengan el suficiente acervo con las asignaturas que deben recibirse en la educación media.
Y atención a estos datos que deben de llenarnos de preocupación: en 32 municipios nortesantandereanos hacen falta 178 docentes de aula, es decir, los que les dictan diversas materias a los estudiantes en los planteles públicos, según la misma Secretaría de Educación Departamental.
Lamentablemente ahí aparecen cuatro municipios del área metropolitana de Cúcuta severamente afectados por problemas de socioeconómicos y de violencia, como son Villa del Rosario, Puerto Santander, El Zulia y Los Patios, en los cuales hacen falta 48 profesores.
Yendo hacia otras zonas que soportan el conflicto social y armado, descubrimos asombrados como los alumnos que van a establecimientos escolares públicos en Tibú, Ábrego y El Tarra sufren los efectos del déficit de plazas de maestros, puesto que no cuentan con 67 educadores.
Queda el sinsabor que el problema expuesto en las cifras -al cual hay que sumarle 31 docentes orientadores y 34 cargos de coordinadores que hacen falta- seguirá gravitando, no se sabe por cuánto tiempo.
De nada sirvió, frente a tan delicado asunto, la gestión cumplida por la administración departamental ante el Ministerio de Educación Nacional, que solamente autorizó 23 nombramientos, y para el resto, solamente quedaron sobre la mesa algunas alternativas que no se sabe si podrán cumplirse.
Es decir, en la práctica el mal no ha sido curado, razón por la cual es indudable que se necesita hasta del apoyo de la bancada nortesantandereana en el Congreso de la República, que le haga caer en cuenta al Gobierno Nacional la gravedad de no tener quien les dicte clases a cientos de niños y jóvenes, en municipios donde la educación debe de ser la barrera natural contra la violencia y la iniquidad social.
Debemos admitir, sin embargo, que de pronto las diligencias que se hagan en este momento ya no tengan ningún resultado porque la actual administración nacional ha llegado al ocaso de su mandato y en pocos meses entregará el poder a quien resulte elegido en los próximos comicios.
Entonces, lo mejor es volver a tener preparado todo el paquete de necesidades en el campo de la educación en el departamento tanto en materia de personal, como de infraestructura física y de conectividad, de recursos y de una mejor estructuración académica
Esa carencia de profesores causa hechos como el de la sobrecarga en las labores educativas de muchos educadores que deben de hacerse cargo o se convierte en una ausencia riesgosa que en últimas ayuda a alimentar la deserción escolar, el desinterés por aprender y, lo que es peor, genera una deficiente preparación educativa que luego acarrea irreparables consecuencias negativas.
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