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Editorial
¿Salud en emergencia?
Vale preguntar qué clase de emergencia es la que concibe el gobernador, que puede esperar días, semanas, quizás.
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Miércoles, 21 de Septiembre de 2016

Para  el  gobernador  William  Villamizar, el servicio de salud está en una grave emergencia. Así lo dijo el viernes 10, cuando anunció que en horas firmaría todos los  documentos necesarios para declarar oficialmente la crisis.

Una dramática radiografía del sistema,  hecha  por  el  Instituto  Departamental de Salud y la Secretaría de Salud Municipal de Cúcuta  obligaron  a  Villamizar,  dijo,  a  decretar la emergencia y a enfrentarla con medidas de urgencia.

Pero pasaron las horas, los días, más de una semana, y todo sigue solamente  en  la  palabrería  que  se  acostumbra  desde  algunas  dependencias  públicas donde al ciudadano lo consideran un tonto al que es fácil engañar.

Así, según la Gobernación, la salud del departamento está en emergencia, pero no lo está, o no en serio. Pero, la verdad es que la salud en el departamento no solamente debería estar en emergencia sino en situación de calamidad pública, y no de ahora, sino desde hace largos meses, años, tal vez.

Porque  las  razones  argumentadas  por el mandatario están ahí, inmodificable paquete de males necrosantes que están convirtiendo el servicio en un cadáver para el que podría no haber resurrección posible. La enorme deuda de las EPS es cada día más pesada para las IPS, a las que solo les quedan dos caminos: negar el servicio o cerrar; las quejas de los usuarios crecen como  espuma,  mientras  se  incrementa  también la cifra de personas que se mueren  esperando  una  consulta  especialista  o una remisión; la capacidad de la red  es increíblemente insuficiente con la cantidad de usuarios afiliados; la carencia de procedimientos  diagnósticos  de  alta  tecnología  corre  parejas  con  la  falta  de  recurso  humano  en  las  subespecialidades  médicas  y en el servicio farmacéutico, unido esto a las dificultades de las IPS para prestar un eficiente servicio intrahospitalario.

Otra  razón  argumentada  por  Villamizar para hablar de la emergencia es la del  hospital  Erasmo  Meoz,  obligado  por  razones  éticas  y  humanitarias  a  atender  a  venezolanos  que  sufren  enfermedades  complicadas y no hallan ayuda en su país, sin que el hospital reciba pagos.

En consecuencia, vale preguntar qué clase de emergencia es la que concibe el gobernador, que puede esperar días, semanas, quizás, hasta que venga de Bogotá el superintendente de Salud para posar juntos para los medios de comunicación.

Porque cuando se habla de emergencia  se  habla  de  inmediatez,  de  acciones que  no  dan  espera,  de  soluciones  ya,  de  no plazos, de dejar lo que se esté haciendo para enfrentar la situación de urgencia.

Declarar oficialmente la emergencia implica  medidas  y  acciones  especiales,  venga o no el superintendente, haya o no acto solemne especial, estén o no allí los fotógrafos y los reporteros. O no es emergencia.

Si  no  lo  es,  quizás  el  gobernador  deba aplicarles el freno a sus declaraciones a  la  prensa,  porque  con  asuntos  como  el  de la salud, que interesan a todos, no es de  buena  presentación  andar  generando  zozobra.

Pero,  si lo es, como  en  efecto lo demuestra  la  realidad,  ¿por  qué  no  ha  firmado el decreto de declaratoria de la emergencia? ¿En verdad espera que venga a Cúcuta el superintendente para hacerlo?

Hmmm.

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