Lo realmente trascendental es que se cumplan los acuerdos de pago pactados, que las finanzas y la administración se hagan acordes a las normas, y que se fructifique el proceso de capitalización.
El balón en la cancha y una expectativa inmensa por seguir escribiendo historia en el fútbol profesional colombiano es el cuadro lleno de ilusiones que se empieza a dibujar para el Cúcuta Deportivo, que a partir del segundo semestre volverá a los estadios como integrante de la B.
El camino no estará cubierto de pétalos de rosas, eso hay que admitirlo, puesto que hay espinas ante la desconfianza latente porque tras bambalinas sigue José Augusto Cadena, de quien se espera un acto de contrición para que admita que las maniobras y errores del pasado no pueden ni deben repetirse.
No gravarla en mármol, pero sí hay que guardar la siguiente declaración del nuevo presidente del club, Eduardo Silva Meluk sobre el accionista mayoritario: “él es el más interesado de que todo funcione de la mejor manera en lo deportivo, financiero y administrativo, y está atento a los nuevos protocolos y políticas, él es el más contento y optimista de que esta compañía va a ser muy buena”.
En medio del mesurado optimismo y sin triunfalismos, Silva Meluk, como conductor, requiere de independencia para la toma de decisiones, asunto en el que cuenta con el irrestricto respaldo de la mejor afición del país, que ha estado añorando un Cúcuta triunfador, diáfano y sin tacha en todos los frentes.
Aquí lo de menos resulta siendo el perdón y la nueva oportunidad. Lo realmente trascendental es que se cumplan los acuerdos de pago pactados, que las finanzas y la administración se hagan acordes a las normas, y que se fructifique el proceso de capitalización, el cual puede tener pleno éxito en la región si recordamos que el equipo trasciende para convertirse en un activo emocional de la ciudad y el departamento.
Resultaría un contrasentido desaprovechar este momento de efervescencia y calor (parafraseando al tribuno del pueblo) en que el Cúcuta Deportivo es como el lugar correcto en el que algunas marcas hoy esperan poner su logo para acompañarlo y apoyarlo en este proceso de reorganización que durará 14 años.
En este reinicio hay que admitir que más allá de las ganancias, lo primero y urgente es rearmar todo el andamiaje desde cero con metas precisas y claras que lo conduzcan a contar con una poderosa base de jugadores y hacer el semillero desde las divisiones menores que le vayan surtiendo jugadores y tenga ahí una fuente de ingresos.
Además, debe trabajarse la posibilidad de llegar a tener una sede propia, con su área de entrenamiento adecuada y hasta con tienda para ofrecerles a su hinchada camisetas y recordatorios –por ejemplo- que se le conviertan en otra fuente de obtención de dinero y de retroalimentación con la fanaticada.
Necesitamos en esta oportunidad que así como la gente paga la boleta o el abono por la temporada –si llegara a definirse algo por el estilo- pase a convertirse en veedora del ciclo que acaba de iniciarse en todos los frentes, para que se cumpla este compromiso público de Silva Meluk: “administrar bien, tener buenas políticas, buenos criterios de programar hacia el futuro la compañía. Esta compañía resucita con un preacuerdo con los acreedores con una deuda de $14.000 millones”.
Y en lo futbolístico, la misión del técnico Aquivaldo Mosquera es ni más ni menos que despertar ese fervor en la cancha, hacer vibrar las tribunas y desplegar la garra motilona con jugadas y goles que lleven al once rojinegro a tejer una campaña triunfadora para pasar de la B al torneo de la A, en un ciclo que requerirá de un fuerte e intenso trabajo para superar las barreras y dificultades.
