¿Alguien pudo imaginar a las Farc eludiendo la guerra en aras de alcanzar una paz por la que se jugaron y apostaron? Ni el más frío analista lo previó.
Y, sin embargo, durante la tremenda agitación del domingo en la noche por los resultados del plebiscito, el país completo dio un resuello, tranquilo, confiado y optimista, cuando el jefe de las Farc reiteró que la única arma de esa organización sería la palabra. Al menos por ahora.
Hubo decisiones incluidas en el documento de La Habana que, sin embargo, fueron canceladas por las Farc, como el inicio del desplazamiento hacia las zonas veredales donde se supone pasarán algún tiempo acampando, ya sin armas, cuya entrega también fue suspendida ayer.
Al admitir la mayoría del No, el presidente Juan Manuel Santos también les dio a los colombianos la oportunidad de asimilar con tranquilidad lo sucedido, y el discurso conciliador del senador Álvaro Uribe reafirmó esa sensación de que quizás la violencia de la guerra no vuelva, como se alcanzó a temer.
La inasistencia del Centro Democrático a la reunión de todos los partidos, a la que citó Santos para encontrarle salida al limbo jurídico generado por los votos, generó rumores en el sentido que quizás con ello Uribe esté enviando el mensaje de que todo lo que suceda con los acuerdos de La Habana será decidido por él. Sin embargo, ya entrada la tarde, el uribismo designó tres delegados para entablar conversaciones con parte del equipo negociador para encontrar puntos en común y avanzar en el proceso.
De todos modos, la actitud de las Farc de reafirmar su decisión de no volver a la guerra es altamente positiva y señal de que el plebiscito quizás no ha traído contratiempos mayores para el proceso de paz.
Desde luego, falta conocer en detalle las objeciones de los promotores del No a los acuerdos.
Y falta, en los análisis, tener en cuenta un principio de negociación: nunca nadie negocia para perder lo que tiene. Esto significa que es poco probable que las Farc se muevan para ceder lo ya aprobado y firmado.
Pero, además, en caso de que acepten renegociar algunos términos de los acuerdos, los guerrilleros podrán, por derecho, presentar nuevas peticiones, y las negociaciones podrían prolongarse, otra vez, de manera indefinida.
Por ahora, la actitud de las Farc ha sido pragmática, hasta donde la lógica indica que pueden serlo. Pero, ojalá, todos los sectores políticos del país dediquen los esfuerzos que sean necesarios, a buscar la solución que la paz requiere y que, en este momento, esperan todos los colombianos.
No será, sin embargo, una situación que se pueda prolongar de manera indefinida pues el triunfo del No ha dejado a las Farc en una especie de limbo, en donde la concentración ya no se dará, al menos por ahora, y en la que su situación y futuro es incierto.
Así, mientras esperan que todos los sectores políticos se pongan de acuerdo, muy probablemente las Farc se vean obligadas a faltar a su palabra de no volver a la guerra, y todo vuelva a comenzar.
Desde luego, sin olvidar que en política, y la historia lo dice siempre, lo que es hoy, mañana, no.
