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Editorial
Pronto y sin dudas
Nada peor para un ejército que la falta de abastecimientos oportunos, pues se desmoraliza.
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Viernes, 3 de Febrero de 2017

Algunas veces, lo esencial es la prontitud con la que se aclaren situaciones irregulares. Esta vez, sin embargo, lo primordial es el establecimiento de la verdad, sin que quede la menor sombra de duda en torno de lo que sucedió.

Desde luego, si todo se hace lo más pronto posible, mucho mejor.

Al fin y al cabo, es la imagen del Ejército, todavía opaca desde los tiempos de las ejecuciones extrajudiciales, las acciones paramilitares y la cárcel cinco estrellas de Tolemaida, la que sigue en juego. Esta vez, por la acción de un alto comandante.

Hasta donde se sabe, el coronel William Leonardo Flórez Leal, comandante del Grupo de Caballería Mecanizado 5, sacó de su batallón y escondió en una casa de San Cayetano, un pueblo cercano a Cúcuta y con historia de paramilitarismo, al menos 9.472 elementos de intendencia que debió distribuir entre sus soldados.

Tan pronto se descubrió lo sucedido, Flórez, su segundo en el mando y otras tres personas, todos militares, fueron vinculados a una investigación administrativa y desvinculados del batallón. Flórez, con al menos otro antecedente disciplinario, según trascendió, fue trasladado a Nariño.

Hay dos versiones en torno de lo ocurrido. Una dice que el anuncio de una inspección administrativa preocupó a Flórez, porque no había distribuido entre los soldados los materiales que tenía almacenados, y los escondió para mentirles a los investigadores sobre su eficiencia administrativa.

La otra sugiere que todo ese material, suficiente para dotar un batallón, fue llevado a San Cayetano para venderlo a las organizaciones criminales armadas que actúan en Norte de Santander, en especial en la zona de frontera.

Pero, más allá de estas hipótesis, queda palpable la negligencia de Flórez al no entregarle a la tropa lo que le correspondía. ¿Por qué razón? Nada peor para un ejército que la falta de abastecimientos oportunos, pues se desmoraliza. Y la guerra aún continúa.

La desmoralización ha causado estragos en muchos ejércitos, y el colombiano no es una excepción. A la desidia y la falta de responsabilidad de algunos, desde hace largo tiempo se atribuye la baja moral de las tropas, por razón de la falta de abastecimientos, incluidas algunas veces, las medicinas y la comida.

Para algunos analistas, esa baja moral tuvo mucho que ver con la necesidad urgente de convocar a las guerrillas a las mesas de negociación en busca de la paz, antes de que ocurrieran más hechos como los dramáticos y vergonzosos de Cerro Patascoy, El Billar y Las Delicias, donde las Farc dejaron en ridículo absoluto al que se suponía era uno de los ejércitos mejor entrenados del mundo.

Según se dijo entonces, las tres derrotas oficiales fueron consecuencia del mal —incluso nulo— abastecimiento de las tropas, que al parecer tenían que cazar para comer y usar la misma ropa durante semanas. No podían lavarla, porque no tenían más para vestirse.

Es posible que estas versiones fueran producto del calor de los debates por las derrotas. Pero, hechos como el protagonizado por el coronel Flórez dejan mucho para meditar y permiten cualquier interpretación. Por eso, la urgencia en saber con exactitud qué está pasando, no solo en el batallón Maza…

 

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