Que reconocieran al Estado colombiano y su ordenamiento jurídico ¿no fue lo que durante años se pretendió de las organizaciones armadas fuera de la ley? Si fue otra cosa, ¿cuál? Pues bien, las Farc acaban de acatar la supremacía del Estado colombiano sobre cualquier otra circunstancia interna.
Pero que, por razones exclusivamente partidistas y de apetitos burocráticos se intente ocultar, no es fácil de entender.
No es un simple olvido lamentable, sino una actitud desconcertante, por el nivel de daño que puede generar en la sociedad.
Y que esa actitud la asuma el procurador Alejandro Ordóñez lleva a pensar en que la paz —que ya se siente—, muy poco o nada le importa.
Y a quien no le importa la paz, le interesa la guerra, por razones de variada índole, como el temor que infunde entre los ciudadanos.
Y ese temor es clave, Es aprovechable para fines particulares.
De nada ha valido que el propio presidente Juan Manuel Santos destacara que el acuerdo de paz con las Farc pasará por la Corte Constitucional, el Congreso y el pueblo, para aprobarlo o rechazarlo.
Al procurador le tiene sin cuidado todo lo que no coincida con su pensamiento ultraconservador y autoritario…
Al mejor estilo del expresidente Álvaro Uribe, aupado en muchos medios de comunicación, en su aspiración de buscar la presidencia de la República, Ordóñez ha puesto en marcha su versión de la estrategia del miedo, válida para
