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Editorial
Por favor, ministra
Lo más probable es que ni Giha ni Cardona tengan la menor idea de todo lo que ocurre con la universidad.
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Jueves, 1 de Diciembre de 2016

Este es un mensaje abierto y urgente para la ministra de Educación, Cristina Giha, y su viceministro de Educación Superior, Javier Cardona, a nombre del sector más indefenso de la Universidad de Pamplona: los papás y sus hijos estudiantes, y la ciudadanía honrada de Norte de Santander.

Lo más probable es que ni Giha ni Cardona tengan la menor idea de todo lo que ocurre con la universidad.

Si lo supieran, ya habrían intervenido, para ponerla a salvo de la caterva voraz de aves de rapiña que se la disputan a picotazos para darle muerte a nombre de la corrupción que se esconde detrás del partidismo político regional.

El ministerio de Educación, es decir, el Gobierno Nacional, debe saber que, en realidad, a ninguno de los que buscan apoderarse de la rectoría le interesa para nada la universidad: lo que los mueve a la disputa es su presupuesto de 100 mil millones de pesos.

Porque, ¿cuál puede ser el interés académico o científico, o al menos cívico, que mueve a un exalcalde de Cúcuta, hoy homicida convicto condenado a 27 años de cárcel, para mover cielo y tierra en busca de ser el poder detrás de la rectoría de la Universidad de Pamplona?

O ¿cuál, el de un congresista en cuyo grupo estarían militando exconcejales de Pamplona investigados por tráfico de notas en la universidad, según denuncias que circulan por estos días, que respalda abiertamente a un candidato, o el interés de un ex gobernador en insistir en su apoyo a una candidata, totalmente ajena a la institución, pero no a cuestionamientos e investigaciones por malos manejos como funcionaria?

La situación ha llegado a extremos realmente preocupantes, como el eventual ofrecimiento de hasta 500 millones de pesos al delegado estudiantil en el Consejo Superior de nueve miembros, para que respalde una determinada candidatura.

En los últimos tiempos, la Universidad de Pamplona ha estado inmersa en escándalos de diversa índole, entre los que no han faltado actuaciones reñidas con la ley penal, pero la situación actual sobrepasa muchos límites.

Una de las instituciones más entrañables de Norte de Santander se enfrenta a riesgos graves de perder el rumbo netamente académico y científico que guía a todo centro de pensamiento, para encaminarse por senderos peligrosos de los que es imposible recuperarla indemne. Lo que tocan la corrupción, la inmoralidad, la falta de escrúpulos, jamás vuelve a ser lo que fue.

El Gobierno debe pensar en los intereses de la parte más débil del plantel: los estudiantes y sus familias, que hacen grandes sacrificios para educarse de la mejor manera posible. Y educarse no significa solo adquirir los conocimientos base de las profesiones, sino de sus maestros y rectores obtener enseñanzas del más alto nivel ético y moral, fundamentos de la cultura y herramientas para ayudar en la transformación del país.

Pero si sobre todo esto se privilegian corrupción, politiquería, clientelismo, actos reñidos con la moral más básica, ¿qué les espera a los nortesantandereanos que han puesto en la Universidad de Pamplona todas sus esperanzas, todos sus sueños?

Sin duda, el ministerio de Educación es responsable del futuro de esta institución. No puede eludir su compromiso y sus obligaciones legales. Si en una situación similar en 2008 fue intervenida, ¿por qué no ahora?

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