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Editorial
Por estas calles
Al hacer un repaso por las peticiones de la comunidad a la administración municipal, el común denominador es el deterioro de la malla vial de los barrios.
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La opinión
La Opinión
Lunes, 13 de Junio de 2022

El gigantesco y profundo hueco que se abrió en la calle que comunica al barrio Gaitán con Cundinamarca, no es de hace una semana. Lleva así más de ocho meses.

La avenida Panamericana, al norte de Cúcuta, en la que hace unos ocho años se invirtieron $15.000 millones para hacerla adecuada al tráfico de carga pesada que la cruza, hoy está en deplorable estado.

En Los Estoraques, la calle principal se encuentra completamente deteriorada por las lluvias. Y en Atalaya tercera etapa la gente reclama la pavimentación de sus vías. Lo mismo sucede en La Ermita. Y un clamor semejante se escucha en Doña Nidia,  El Dorado. En El Porvenir se escuchan las mismas quejas que también retumban en Tucunaré o en Brisas del Porvenir.

Es idéntico el reclamo en La Libertad o en Niña Ceci o al norte o al sur o en el valle de Cúcuta, cuyos vecinos afirman que llevan reclamando pero el pavimento sigue esquivo y los huecos ya son insoportables.

Los habitantes y dirigentes de esos sectores así lo han hecho saber en desarrollo de la labor periodística adelantada por La Opinión desde la sección de Comunidad.

Al hacer un repaso del inventario de pedidos que la gente por intermedio de sus líderes barriales le hacen a la administración municipal, el común denominador es el deterioro de la malla vial de los barrios, sin importar el estrato social.

Entonces eso demuestra que la ciudad se encuentra ante una inocultable crisis por el acentuado daño de las calles principales y secundarias de los barrios que de lógica requeriría una megaiversión.

Un cálculo que se hacía unos seis años, aproximadamente, señalaba que arreglar toda la malla vial costaba un billón de pesos. Eso significaría que prácticamente se debería invertir el equivalente a un presupuesto anual de municipio que para este año es de $1.3 billones.

Esa es una cantidad gigantesca de recursos, pero en algún momento hay que ser audaces –en beneficio de toda la ciudad- y plantear esa megaobra con un componente social que ayudará a conseguir aportantes internacionales y recursos no reembolsables, haciéndola ser el eje central de un ambicioso plan de obras públicas para derrotar el desempleo.

Lanzarse a la estructuración, defensa y financiación de un proyecto, que incluya de una vez la modernización de redes de servicios públicos y de una vez mejorar andenes y la adecuación de otros componentes urbanísticos, podría ser la mejor salida a este problema que va empeorando cada día.

Hay que admitir que en muchas zonas ya no cabe un reparcheo más, sino que la solución requiere del cambio total de la estructura del asfalto, permitiendo entonces una racionalización y optimización en la inversión de los recursos para la consolidación de ese plan masivo de asfaltado que cubra los cuatro puntos cardinales.

Hay que evaluar las alternativas, especialmente las financieras y hacer las consideraciones técnicas para la prefactibilidad y factibilidad de una obra como esta, en la que lógicamente se garantice que el pavimento no se va a deteriorar rápidamente y que al estar asfaltándose el último metro de la malla vial, en la zona donde comenzó la obra este ya se dañó.

Estos planes de obra pública, con un fuerte respaldo económico nacional y regional, podría resultar siendo una buena alternativa para eliminar durante muchos años ese dolor de cabeza de las calles dañadas y una excelente alternativa contra el desempleo y el subempleo.

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