Determinaciones más amigables con el medio ambiente siguen siendo aprobadas por el Congreso de la República en Colombia, hecho que habla muy bien de como la defensa de la vida, del agua y de la naturaleza está por encima de las ideologías y de los intereses partidistas.
Destacable el voto a favor de la eliminación gradual de los materiales plásticos de un solo uso que hoy figuran entre los mayores contaminadores en el planeta.
La siguiente referencia es más que suficiente para confirmar que era urgente tomar esta clase de medidas: En Colombia el consumo de plástico es de 1’250.000 toneladas al año, unos 24 kg por persona, de los cuales el 56% son plásticos de un solo uso.
El Ministerio del Medio Ambiente detalló que según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente asegura que solo se ha reciclado el 9 % de los 9.000 millones de toneladas de plástico producidas en la historia y que la mayor parte de este material termina en sitios de disposición final y en el ambiente.
Este cálculo se hizo en 2019 y se estima que, de no cambiar las pautas de consumo y prácticas de gestión de desechos, en 2050 habría unos 12.000 millones de toneladas de basura plástica.
La Procuraduría General de la Nación fue más concreta al revelar en uno de los debates de esta iniciativa, que al año un colombiano en promedio utiliza el equivalente a 24 kilos de plástico.
Esos contextos nacionales y mundiales corroboran la trascendencia de ponerle un freno a esta clase de elementos que al arrojarse por ahí lo que terminan es poniendo en peligro la biodiversidad y propalando la contaminación con los microplásticos que ahora empieza a detectarse en variados lugares, como indicador de que es altamente nocivo.
Pero igualmente hay otro dato que no debe dejarse de lado, y es que Naciones Unidas tiene un cálculo que pareciera de ficción, y es que en 2025, es decir, a la vuelta de la esquina habrá en el mundo suficiente plástico para cubrir cada metro de costa con 100 bolsas, y para 2050 habrá más plástico que peces en los océanos.
Con panoramas de esa envergadura que implican un alto riesgo, no era para menos que los congresistas colombianos dieran el visto bueno al proyecto para la eliminación del plástico de un solo uso.
Los tipos de plásticos que ya no irán dentro de dos años son las bolsas de punto de pago utilizadas para envolver o transportar paquetes y mercancías; para embalar periódicos, publicidad y facturas, así como las utilizadas en las lavanderías para empacar ropa lavada; los rollos de bolsas vacías en superficies comerciales para paquetes y mercancías o llevar alimentos a granel; los mezcladores y pitillos para bebidas, los soportes plásticos para las bombas de inflar y los soportes plásticos de los copitos de algodón.
Y al término de ocho años deberán desaparecer los envases, empaques, recipientes y bolsas utilizadas para contener líquidos o alimentos no preenvasados ya sea para consumo inmediato, para llevar o para entregas a domicilio. Platos, bandejas, cuchillos, tenedores, cucharas, vasos y guantes para comer, confeti, manteles y serpentinas.
Aparte de ser una acción que encierra un poderoso mensaje de protección a las futuras generaciones, la Ley que entró a conciliación también puso a Colombia a la vanguardia de la transición de estos materiales contaminantes y que implican un cambio en las costumbres de consumo y en la apertura y transición empresarial para el reemplazo de esos materiales por otros no contaminantes.
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