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Editorial
Persistir y persistir
Y como ningún delito se puede tolerar, en ninguna sociedad que sea más o menos organizada, como la nuestra, hay que erradicar el contrabando.
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Miércoles, 13 de Julio de 2016

Determinación y persistencia. Estas son las claves para que las acciones oficiales, como la de Puerto Santander, generen los resultados que exige y espera la sociedad en su afán por sustituir los pilares de la cultura de la ilegalidad.

Esa cultura ha hecho de Norte de Santander en general, pero en especial de Cúcuta, una región donde se han trastrocado valores elementales, hasta un punto que se hace insoportable: considerar que el delito es un trabajo honrado.

El contrabando es un delito, y de eso nadie, en ninguna parte, puede tener la menor duda. Y como ningún delito se puede tolerar, en ninguna sociedad que sea más o menos organizada, como la nuestra, hay que erradicar el contrabando.

Es algo que se ha intentado desde hace mucho tiempo, con resultados tan efímeros como las acciones oficiales: cuando la Policía actúa en una trocha del contrabando, logra algunos resultados muy parciales, que se olvidan al poco rato, cuando todo vuelve a ser como antes, con los contrabandistas en plena actuación.

La falta de continuidad en las acciones solo exalta los ánimos y obliga a las mafias a imaginar nuevos mecanismos de defensa y a reforzarlos, y todo se hace más difícil para las autoridades, que mientras tanto se relajan.

Lo ocurrido en Puerto Santander en las últimas horas podría ser el inicio de una nueva etapa en la que la las acciones para erradicar este flagelo sean contundentes y sostenidas en el tiempo.

Al menos así lo ha reiterado el máximo comandante de la Policía Fiscal y Aduanera, a cargo de los operativos. cuando se va más allá, es entonces cuando el éxito viene, cuando la determinación y la persistencia marcan el camino, porque solo así las consecuencias se harán definitivas.

Si, como lo sostienen los jefes de la Policía, la campaña anticontrabando —que al parecer se extenderá a otros guetos delicuenciales de Cúcuta y pueblos vecinos— pretende ir hasta erradicarlo, se está acertando por primera vez en muchos años, vale señalarlo y aplaudirlo.

Habrá resistencia, y mucha, de los grupúsculos que viven del paso ilegal de mercancías de un lado al otro de la frontera, y presiones, también muchas, de los más poderosos padrinos políticos y defensores del delito como fuente lógica y tolerable de ingresos para algunas familias.

¿Que ha faltado apoyo ciudadano para las autoridades? Sí, innegable, pero la razón está en que la sociedad está cansada de acciones espasmódicas que solo exacerban los ánimos, en un ambiente similar al de los microbios que, ante un antibiótico mal dosificado, mutan y se fortalecen, en vez de deteriorarse.

Pero, tanto la Policía como el Ejército, y todas las autoridades, pueden tener la seguridad plena de que si persisten, hasta donde sea, en la actual campaña, la sociedad no las va a dejar solas. Claro, el Estado tampoco puede dejar sola a toda la gente que cree en el trabajo honrado como fuente válida de progreso.

Con acciones como estas se podrá pensar, con optimismo, en que mañana será un día en el que el delincuente volverá a ser el buen ciudadano que dejó de ser, y el delito, la actividad infame que ha cambiado todos los patrones normales de conducta y comportamiento.

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