Es un país libre, donde cada persona puede ir donde, cuando, como y con el objetivo que quiera, decimos los colombianos. Pero la afirmación no pasa de ser una entelequia que es menester erradicar.
La dolorosa realidad de cada día reitera que este no es un país para que cualquiera vaya o venga en libertad por donde, cuando y como lo desee sin tener que pedir permiso y dar explicaciones.
Y el propio gobierno avala los recortes a la libertad de locomoción, tal como quedó demostrado con el reciente secuestro de periodistas en zonas de Catatumbo: hubo funcionarios que se refirieron a lo ocurrido como al resultado de no informar o de no pedir al menos permiso para visitar la región. Y coincidieron con el Eln.
¿Informar, pedir permiso? ¿Desde cuándo, a quién y por qué razón? Los del gobierno ¿se referirán a ellos o a otros funcionarios oficiales? Y, ¿por qué tiene el Estado —o mejor, el gobierno— qué saber de a dónde va uno o de dónde viene?
¿La referencia será para los grupos armados que al menos en apariencia sí controlan Catatumbo? En ese sentido se expresó hace pocas horas el Eln, en un comunicado en el que dice tener necesidad de saber quiénes y con qué objeto van a Catatumbo.
Que el Estado no controle enormes e importantes zonas del territorio y que el gobierno prefiera mantener a los policías encerrados en casonas de los pueblos no puede significar que a los colombianos nos hayan arrancado del derecho de ir a cualquier parte que nos plazca.
Los ciudadanos no podemos que a nombre del Estado el gobierno pretenda ejercer controles más allá de los determinados por la Constitución. Pero, mucho menos, podemos someternos a los caprichos de quienes están al margen de la ley y se creen dueños de territorios y de voluntades y de vidas...
En ejercicio de su deber de informar de la manera más idónea a la sociedad, La Opinión va a donde cree que tiene que ir y en las condiciones que juzgue más adecuadas para sus tareas. Dentro del territorio nacional no pide permiso a nadie que no tenga la facultad legal de otorgarlo.
Es un principio de independencia y libertad aparejado con otras garantías fundamentales de personas y de empresas libres. Y esto lo deben entender todos los que intentan desconocer derechos básicos solo por el hecho de que la fuerza y la violencia y las armas los respaldan.
En lo que corresponde a informar sobre lo que sucede en cualquier rincón de nuestro Catatumbo, lo haremos, como lo hemos hecho hasta ahora, sin pedir permisos y sin anticipar solicitudes de ninguna naturaleza.
Ir libremente en busca de las informaciones que quieren nuestros lectores es, además de un derecho, una obligación que asumimos a plenitud desde cuando nos pusimos al servicio de la sociedad nortesantandereana.
La guerra que se pelea desde hace casi 60 años y que se pretende silenciar no puede ser el manido pretexto de unos y de otros para controlar a todos los demás. Ni más faltaba.
