Con toda razón, el ministro Juan Fernando Cristo, está preocupado, y con él, muchos cucuteños. Tienen temor de que el Acueducto Metropolitano quede en un sueño que nunca se materializó.
Y la culpa está en la falta de compromiso de las autoridades regionales, el alcalde de Cúcuta, principalmente.
Porque mientras los alcaldes de Los Patios, Diego Armando González, y de Villa del Rosario, Pepe Ruiz Paredes, y los concejos de las dos poblaciones, están listos para dar nuevos pasos, el de Cúcuta, César Rojas, ha dilatado inexplicable y extrañamente su asentimiento al proyecto. Al menos hasta hoy.
¿Qué espera? No lo explica. ¿Qué busca? Tampoco. Ha guardado silencio a tal punto que, según fuentes oficiosas, el propio gobernador, William Villamizar, lo convocó a una reunión privada durante la cual le planteó la necesidad urgente de darle nuevo impulso al proyecto.
Un paso inevitable —del que al parecer Rojas pretende obtener beneficio— es el de constituir la empresa que hará realidad la posibilidad de garantizarle al área metropolitana el agua que necesita por muchos años.
El proyecto cuesta 338 mil millones de pesos y, trascendió, Rojas pretende tener el control de todo a través de un gerente que designará. Quizás consultas al respecto son la causa de que el alcalde que debiera ser el más interesado en que su gente tenga agua sea, en la realidad, el más pasivo.
¿Consulta a quién o a quiénes? No estamos ciertos, pero Rojas casi todo lo consulta. En la práctica, dicen que no mueve un dedo si no ha tenido respuesta clara y detallada a sus consultas diarias.
Los concejos de Los Patios y Villa del Rosario, incluso la Asamblea de Norte de Santander, están tramitando los proyectos de acuerdo y ordenanza necesarios para autorizar a sus alcaldes y hasta al gobernador a constituir la empresa que a Rojas hasta ahora le había generado desapego hasta su reunión con Villamizar.
Porque después de ella, en la que escuchó que el departamento no tiene el mismo interés en controlar el proyecto, Rojas pareció cambiar de parecer. Desde luego, aún no ha dicho nada ni ha instruido al Concejo para que lo autorice a fin de que Cúcuta participe en la empresa que se exige. Está en consultas…
Ojalá sus asesores sean conscientes de que, mucho más allá de los 338 mil millones de pesos que vale el proyecto, es más importante la solución definitiva a todos los problemas que le significan a un millón de personas tener agua potable en todo momento.
Y ojalá piensen en que Ecopetrol mantiene su oferta de entregarle 188 mil millones de pesos al proyecto. Pero, ante sus afugias financieras, bien podría, de alguna manera, al menos intentar retardar el pago. Así que organizarlo todo a la mayor brevedad es imperativo.
El propio Rojas podría darse cuenta de que sin Cúcuta no hay empresa, y sin empresa su gerencia quedará solo en una expectativa, y estamos seguros de que eso no lo desean ni él ni sus consejeros permanentes. Al contrario…
La nueva empresa, que se desempeñará en el ámbito privado, tendrá autonomía administrativa, patrimonial y presupuestal. Esto significa que los controles serán los mismos y escasos que tiene toda empresa mercantil.
Según el gobierno departamental, si se asumen los compromisos con la celeridad requerida, Ecopetrol podrá iniciar la contratación de las obras en el segundo semestre de este año.
Si la posibilidad de que todo comience a tomar forma en pocos meses, pero en especial la autonomía y el presupuesto de 338 mil millones de pesos a partir de ya no son razones suficientes para que Rojas asienta, es tarea en realidad muy difícil encontrar otras más convincentes.
Es de esperar que con la misma prudencia de que hace gala hoy, con el mismo celo por no dar pasos equivocados en torno del dinero del Estado, con igual curia, como dicen aún los viejos, Rojas y su gente manejen la empresa del acueducto.
Así, habrá valido la pena esperar con paciencia las decisiones, suyas y de sus asesores.
