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Editorial
Otra sorpresa
El optimismo surge cuando se sabe que la decisión de las Farc de dejar las armas y la guerra atrás tiene una firmeza que muy pocos le atribuían.
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Miércoles, 29 de Junio de 2016

Fue sorpresivo, como lo han sido varios anuncios y decisiones de las Farc en los últimos días. Pero, en este caso, el anuncio de ‘Carlos Antonio Lozada’, el que para muchos es el más difícil comandante de esa guerrilla, genera optimismo en medio de la prudencia.

“Estamos seguros de que va a ganar el pronunciamiento masivo del pueblo colombiano refrendando los acuerdos (de Cuba), pero si llegara a producirse la victoria del no, no consideramos que eso tenga que dar al traste con el proceso”, declaró Lozada ante los usuarios de una red social de internet.

El optimismo surge cuando se sabe que la decisión de las Farc de dejar las armas y la guerra atrás tiene una firmeza que muy pocos le atribuían, por razón de numerosas veces en que esa guerrilla faltó a sus promesas y compromisos.

Esta declaración de Lozada debe ser recibida, sin embargo, con prudencia, más cuando por experiencia se conoce que por pequeños detalles han fracasado otros intentos por superar la guerra.

El hecho de que las palabras esperanzadoras las haya dicho el comandante que estaba llamado a trasladar la guerra de los campos remotos a las ciudades más grandes le da mayor credibilidad a la determinación guerrillera de firmar los acuerdos con el Gobierno.

Desde luego, no es fácil encontrar razones por las cuales los colombianos optaran por el no en el plebiscito que se plantea para validar el acuerdo. ¿Podría alguien estar en contra de vivir en paz, en contra de poder disfrutar la vida de una manera más tranquila y plena? Muy probablemente nadie.

Otros argumentos del líder guerrillero hacen más fuerte la esperanza de que, por fin, ahora sí se está tan cerca de la paz que no cabe otra consideración diferente de a partir de cuándo.

“La paz como derecho síntesis no puede llevarnos a seguir con una guerra tan costosa y dolorosa”, explica Lozada en coincidencia con la posición oficial de la Presidencia y de miles de colombianos que consideran que los recursos que se gastan en combatir están haciendo mucha falta en los planes de desarrollo.

Esta nueva actitud de las Farc debería llevar a todo el país a meditar sobre las ventajas de un país para generar progreso, y a apoyar de manera más decidida los esfuerzos que se han hecho en procura de materializar los deseos de la gran mayoría de colombianos.

Igualmente, podría ser imitada por otras organizaciones armadas ilegales que dudan entre continuar llenando de dolor y de violencia y de lágrimas al país, y la búsqueda de una paz duradera e irreversible.

Y permitirles a sectores políticos radicales una oportunidad y un espacio suficiente para reconsiderar lo logrado hasta ahora en Cuba y, si bien pudiera no satisfacerlos plenamente, al menos dejar de recibir críticas sin fundamento que solo confunden a la opinión pública.

Este pragmatismo no se les conocía a las Farc, pero, como suelen decir los viejos, a la gente hay que creerle, mientras no se le demuestre lo contrario. Y, hasta ahora, no parece haber razón para poner en duda lo que dice la guerrilla.

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