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Editorial
OEA y Venezuela
Porque Venezuela pierde, pero la OEA también.
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Jueves, 27 de Abril de 2017

Los viejos versos del cura Ernesto Cardenal sirven para reflejar la situación que surgió en las últimas horas en la Organización de Estados Americanos (OEA) con la renuncia de Venezuela: “Al perderte yo a ti, tú y yo hemos perdido…”

Porque Venezuela pierde, pero la OEA también.

Pero mientras Venezuela gana, no ocurre igual con la entidad hemisférica, que queda en posición en la que se vigorizan otras, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), que en la práctica es la OEA sin dos países: Estados Unidos y Canadá.

Abandonar la OEA, algo que desde su primer gobierno sugirió Hugo Chávez, le genera al de Venezuela una imagen de gobierno aislado internacionalmente, pues la Celac, Unasur y Alba, donde permanecerá, no tienen aún la suficiente audiencia.

Además, países como Ecuador, Bolivia, Nicaragua o El Salvador, sus aliados, seguirán en la OEA, en un cambio de escenario en el que hasta ellos tendrán que ignorar a Nicolás Maduro y la revolución bolivariana socialista que conduce.

Al salir, Venezuela cierra un importante canal de comunicación y debate con la región, y eso significa que se hace menos probable o más difícil que la comunidad internacional a través de la OEA pueda jugar un papel relevante, dice un analista.

Pero aun perdiendo interlocución y generando imagen de aislamiento, nadie puede dudar de que Venezuela sobrevivirá con su Gobierno, tal como lo ha logrado Cuba, marginada por expulsión, y luego por decisión, desde enero de 1962.

Al menos por ahora, los negocios internacionales de Venezuela continuarán al mismo ritmo, incluidos los petroleros con Estados Unidos, necesitado como está, de tener abastecimiento garantizado de combustibles en el caso de que tenga que guerrear de verdad en Siria.

La OEA pierde, porque el espíritu panamericanista sufre merma considerable y difícilmente recuperable. Es un organismo magullado que, por momentos, parece haber perdido mucho de su ecuanimidad y de su neutralidad, con funcionarios que asumen los problemas como asuntos personales.

El hecho de que, contra lo esperado, no haya sido capaz de lograr cambios en el comportamiento del gobierno de Maduro, le resta mucho a su imagen de una organización creada para conciliar los intereses dispares de 35 naciones y mantener la unidad del Hemisferio.

Queda así la OEA sin la menor posibilidad de acercarse a los problemas de Venezuela, como era el querer de algunos dignatarios, los mismos que llevaron a Maduro a decidir un retiro que se veía ineludible desde cuando las relaciones con Estados Unidos se tensaron tanto que reventaron.  

Sin duda, la presencia de Estados Unidos en la OEA ha sido razón de hondas discrepancias entre los países latinoamericanos que, en diferentes épocas, por razón de posturas políticas e ideológicas, se han quejado de su tendencia reiterada a injerir en donde no siempre su política internacional es bien recibida.

A partir de ayer, Venezuela tiene dos años para materializar su abandono de la OEA. Pero, pocas dudas caben, en estos dos años muchas cosas van a cambiar en el Continente en todos los aspectos, y nadie puede asegurar que lo decidido por Maduro ayer será acatado mañana por su sucesor, sea quien sea.

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