Norte Santander es uno de los departamentos que más requiere superar el atraso en que se encuentra su infraestructura vial.
Lo cual es prioritario ejecutar, como lo está haciendo ahora el Gobierno en varias regiones del país, consciente de que sin ese aporte no tendrá la nación un desarrollo de fortalecimiento de la economía.
La superación de las estrecheces de los corredores viales del departamento tiene que contar con recursos nacionales. Los propios no dan para mucho y depender de éstos será como apostarle a la incertidumbre y correr el riesgo de la frustración, que equivaldría tanto como incubar un daño colectivo para muchos años de postración.
Ya es tiempo de emprender una etapa de construcción sostenida, sin interrupciones, de las vías que le faltan a la región. Obras articuladas a la nueva generación de esa infraestructura, a fin de que los industriales, los agricultores y en general los distintos sectores tengan la garantía de llevar sus productos a los mercados de la nación o del exterior en forma oportuna y segura.
La contratación de la construcción de la autopista 4G entre Bucaramanga y Pamplona es un hecho de la mayor importancia. Representa un salto cuantitativo y cualitativo, a la vez, a la modernidad. Soluciona un problema de distancia y de tiempo, en beneficio de los empresarios y por consiguiente, del conglomerado de su entorno económico y social.
A esa decisión se une el anuncio del proyecto de mejoramiento del tramo vial Cúcuta-Pamplona, el cual se espera quede contratado en junio de este año, para su ejecución definitiva.
La destinación de $ 618.000 millones para el corredor vial Pamplona-Bucaramanga, es demostración de las especificaciones que tendrá esa obra, destinada a darle una dimensión óptima a la movilidad vial en esta área fronteriza del oriente, tomando en cuenta lo que representa para la integración subregional.
A tan importantes decisiones tendrán que agregarse otros proyectos viales pendientes en Norte Santander para que la dinámica del emprendimiento se mantenga en crecimiento y los recursos disponibles sean aprovechados en la mejor forma y el trabajo reciba estímulos de nuevos impulsos.
Pero este proceso de mejoramiento vial en el departamento impone también responsabilidades a los dirigentes que tienen funciones de gobierno o de manejo empresarial en la región.
Todos deben asumir el compromiso de ser consecuentes con las exigencias regionales. Están llamados a tener comportamiento de excelencia tanto en aciertos como en la conducta ética respecto a sus actos. No pueden ser permisivos con los manejos desviados, ni caer en otras complicidades que distorsionan la gestión orientada al bien común.
El denominador común tiene que ser el del acierto y el mejor aprovechamiento de cuanto se destine elevar las condiciones de vida de la población nortesantandereana.
Lo que aporte el Gobierno Nacional debe tener como complemento la buena gestión de quienes son responsables del manejo del departamento, desde la función pública o desde el sector privado.
Hay que hacer el mejor aprovechamiento de todo cuanto se destine para generarle beneficios a un departamento que tanto requiere para dejar atrás los atrasos acumulados.
Hay que destacar también otros proyectos de infraestructura en los que está comprometido el Gobierno nacional como el intercambiador vial de Atalaya, el de Rumichaca, la ampliación del puente Benito Hernández y el mejoramiento vial en la provincia de Ocaña.
Nos toca seguir insistiendo también hasta lograr no solo la repotenciación del puente Mariano Ospina Pérez, sobre el río Zulia, sino la construcción de uno nuevo, pues así lo demandan las circunstancias.
