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Editorial
No aplazar más
Pero no se puede permitir que, como salteadores, los taxistas tiendan emboscadas a quienes trabajan con Uber.
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Martes, 17 de Enero de 2017

Cada día que tarde el Gobierno en solucionar el problema de Uber se está más cerca de situaciones fatales. Muchos automovilistas afiliados a esa plataforma tecnológica han sido agredidos de palabra, golpeados, perseguidos, en situaciones siempre más graves que ya van por la quema de los carros.

El próximo avance podría ser la muerte de uno de estos automovilistas o de alguno de los pasajeros, a manos de taxistas que se creen la Justicia y actúan como verdugos inmisericordes, verdaderos matones sin control.

El gobierno está pasado de tiempo para decidir qué hace con Uber, que como solución tecnológica es una más como miles en el ciberespacio, pero cuya aplicación riñe con la normatividad legal colombiana en materia de transporte de pasajeros.

Uber está funcionando en Colombia, y cada día los usuarios se suman por grandes cantidades: buscan comodidad, buenos vehículos, mejor servicio y, desde luego, cordialidad y buenas maneras como parte de la atención del transportador.

Nada de esto se obtiene con los taxistas, únicos que protestan contra Uber, sin darse cuenta de que son sus abusos y sus atropellos los que llevan a la gente a buscar otro tipo de transporte.

Los taxistas argumentan que Uber es ilegal porque no cumple los requisitos establecidos por el ministerio de Transporte (pólizas, prestaciones sociales, etcétera), lo que evidentemente genera una desigualdad con ellos. Y se quejan de que desde 2013, cuando llegó, la cantidad de pasajeros de los taxis ha disminuido enormemente…

Los defensores dicen que Uber no es una empresa de transporte, sino una plataforma tecnológica más, en la era tecnológica, cuyo fin es prestar un servicio de transporte considerado de lujo. En Colombia funcionan otros servicios similares, como Easytaxi y Tappsi, pero sus autos no son de último modelo ni de lujo.

Parte del problema del Estado para resolver el inconveniente es que hay puntos de vista divergentes entre el Ministerio de Transporte, que obviamente, regula el transporte, y el Ministerio de las TIC, que regula las plataformas tecnológicas.

Pero, mientras hay una solución, ojalá definitiva, no se puede permitir que, como salteadores de caminos, los taxistas tiendan emboscadas a quienes trabajan con Uber y terminen poniéndolos en fuga junto con sus pasajeros, y quemándoles los carros, o golpeándolos o agrediéndolos de otras formas.

En lugar de andar delinquiendo, podrían dedicar el tiempo libre a reflexionar sobre las deficiencias del servicio que prestan y que incluyen abusos con las tarifas y malos tratos a los pasajeros, además de ir por las calles violando todas las normas que rigen el tránsito…

En Cúcuta, por ejemplo, si las tarifas no se modificaron, ¿por qué, basados en el taxímetro —que cualquiera puede alterar—, los taxistas cobran hoy más que antes por una carrera, si la distancia es la misma?

Tienen que saber los taxistas que en un futuro no muy lejano desaparecerán, ya no serán necesarios, cuando los avances tecnológicos, que ya recorren las calles en Estados Unidos en vía experimental, permitan que autos sin conductor —en la realidad, computadores sobre ruedas— los reemplacen definitiva e inapelablemente.

Son los signos de los tiempos…

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