Suscríbete
Elecciones 2023 Elecciones 2023 mobile
Editorial
Mezcla letal
Cada día los intereses entrelazados de mafia y política son más poderosos y más difíciles de combatir.
Authored by
Sábado, 2 de Abril de 2016

No solo al ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, le preocupa la mezcla de mafia y política. Desde hace décadas preocupa a Colombia entera.

Y no preocupa tanto por lo que pueda ser capaz de hacer esa mezcla, sino porque cada día los intereses entrelazados de mafia y política son más poderosos y, al mismo tiempo, más difíciles de combatir. La mezcla parece indestructible.

Por razón de esa mezcla diabólica han muerto al menos cinco candidatos presidenciales, y un presidente estuvo todo su período de cuatro años tratando de no caer por causa de dineros de la mafia de narcotraficantes que, al parecer, llegaron a las cuentas de la campaña.

Esa misma mezcla ha anegado de sangre, inocente la mayoría, el resto no tanto, campos y ciudades de este país que no aprende ni gana en experiencia.

Ha llegado a tanto el poder de la mafia y la política juntas que intentaron refundar la patria sobre bases que hicieron de montañas de cadáveres, crimen y dinero a raudales.

En muchos aspectos, la mafia y la política han sido una sola durante largo tiempo, con objetivos comunes y proyectos coincidentes, tanto, que a veces no es posible separar a la una de la otra, porque el mafioso asume el papel del político, y este el del mafioso.

La verdad, Colombia es hoy lo que la llave mafia-política ha permitido que sea: un país con sus presupuestos esquilmados, con miles de líderes asesinados,  especialmente los populares, obras y programas frustradas, millares de personas victimizadas, y un espeso manto de corrupción oficial y de impunidad que todo lo cubre.

Quizás la corrupción sea el fenómeno más destacado de la herencia que les han dejado a los colombianos la mafia y la política entremezcladas.

Por esa mezcla, los que una vez fueron conocidos como superpolicías, por el mundo entero, están hoy o pagando sus vínculos con políticos y mafiosos, o muertos, y sus subalternos, obsecuentes por temor a las represalias, tratando de agradarles a los nuevos dueños de todo.

Primero fueron los carteles (Medellín, Cali, la Costa, de los Llanos…); luego, los paramilitares y, ahora, las bacrim, siempre en el fondo fue la misma mezcla a la que el ministro Villegas se refiere.

Ese poder corruptor de la mafia se entronizó en la política formal y en la no formal, es decir, en los partidos, y en la revolución de izquierda, cuyos más caracterizados líderes, armados, incluso, terminaron actuando como capos del más aberrante narcotráfico. Marxismo y narcotráfico son una mezcla todavía más letal…

Mafia y política protagonizan una perfecta simbiosis: una necesita de la otra, y entre ambas persiguen intereses claros y precisos que les generan más poder y los hacen afianzar más su alianza.

Separar estas dos realidades es tarea de todos, en especial del ministro Villegas, que tiene por estos días una buena oportunidad de comenzar ese objetivo, poniendo al llamado Clan Úsuga en el lugar que le corresponde: en la cárcel o bajo tierra, la organización criminal y sus aliados políticos, se entiende, que los hay en muchas partes.

Pretender que ‘Otoniel’ es un líder político es todo un exabrupto, e imitar lo que hace el Eln, por ejemplo, con sus paros armados, es una osadía.

Pero, permitirlo, es una acción inexplicable del gobierno, que demuestra su incapacidad para capturar a un peligrosísimo criminal y sus secuaces, en momentos en que el Estado dispone de más recursos militares que antes, cuando debía distraerlos en la guerra contra las ahora quietas Farc.

A no ser que fuera a esa imposibilidad de neutralizar al clan a la que hacía referencia el ministro al hablar de su preocupación…

Temas del Día