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Editorial
Más que petróleo
Del petróleo han vivido en otros países generaciones enteras, y quizás lo seguirán haciendo, aunque sin duda por no mucho tiempo
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La opinión
La Opinión
Lunes, 6 de Marzo de 2017

Después de la experiencia vivida durante los dos años anteriores, cuando el Estado dejó de recibir billonadas por razón de la caída estrepitosa del precio del petróleo, es necesario mirar hacia el futuro con prudencia, para no poner, de nuevo, casi todos los huevos en una sola canasta.

Con la caída de los precios, que tomó a todos los productores sin tener siquiera un mínimo plan B, el, Estado colombiano tuvo que hacer cuentas de nuevo ante la falta de 23.6 billones de pesos (97 por ciento) de lo que recibía por razón del petróleo.

Ahora, cuando el precio promedio parece estabilizarse en 50 dólares por barril, ya se están escuchando comentarios en voz alta que parecen incitar al país a dedicarle al petróleo más energías y recursos de los realmente justos, con el argumento de que “de esta industria depende la estabilidad del país”.

Y agregan que se tienen que impulsar otros sectores económicos que se complementan con las actividades de exploración, refinación, comercialización, refinación y transporte de hidrocarburos.

En realidad, la estabilidad (macroeconómica) del país no exige que los ingresos del Estado provengan de los hidrocarburos; lo que interesa es que se tengan los ingresos que se necesitan. Y si provienen de muchas otras fuentes, basadas en la diversificación, mejor que mejor.

Sin duda hay que propiciar el desarrollo de la industria petrolera y del gas, pero la sensatez indica que quizás sea mejor impulsar el desarrollo de los demás sectores de la economía, algo en lo que se han empeñado, así hubiera sido solo en el deseo, algunos gobiernos.

Del petróleo han vivido en otros países generaciones enteras, y quizás lo seguirán haciendo, aunque sin duda por no mucho tiempo. Por las calles de algunas ciudades ya se pasea la amenaza: carros eléctricos, que harán de los hidrocarburos recuerdos de un pasado que ya está muriendo.

La conciencia conservacionista de los ecologistas está pavimentando ese nuevo mundo que ya viene a recorrer las carreteras del mundo. Desde luego, no será un fenómeno instantáneo y universal, pero sí irreversible. Poco a poco, las plantas de chatarra se irán llenando de autos convencionales.

Y, entonces, los países dependientes del petróleo tendrán que enfrentar la realidad con inteligencia, para no sucumbir. En ese caso sí, la estabilidad de algunas naciones tendrá que ver con el petróleo y su falta de previsión para aceptar que la historia petrolífera está llegando a su fin.

Porque sectores de la economía diferentes del transporte, que usan los hidrocarburos, tendrán que ceder ante la influencia y el avance incontenible de las energías alternativas.

Es por esto que el llamamiento para que el país privilegie la industria de los hidrocarburos sobre las demás no parece ir en la misma vía del planeta, dedicado como está a ponerles atención a las ideas de los jóvenes, que buscan que el mundo que están heredando esté lo más limpio y preservado posible, y los hidrocarburos no son, ni de lejos, ejemplo de defensa del medioambiente.

Cultivar todo lo que sea cultivable en materia de alimentos y destinar muchos recursos al desarrollo de energías alternativas y renovables es, sin duda, ni siquiera el futuro inmediato, sino el presente.

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