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Editorial
Luz de esperanza
Entonces el Catatumbo requiere ser atendido con especial consideración en la etapa del posconflicto.
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Domingo, 5 de Febrero de 2017

Así como Norte de Santander tuvo que padecer décadas de violencia por el accionar en su territorio de la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (Farc), se espera que la desmovilización y tránsito hacia la vida civil despeje el camino hacia la paz duradera, la reconstrucción del tejido social, la recuperación económica y la solución de problemas mediante la inversión de recursos y la adopción de políticas sociales y económicas.

Lo visto en los medios de comunicación sobre la última marcha de las Farc como grupo armado en el departamento hacia la tibuyana vereda de Caño Indio, que fue escogida como zona de desarme y desmovilización, representa un hecho histórico, porque es sacar de la guerra a 580 guerrilleros de esta parte del país.

Resultó impactante que en la parroquia Santa María, en Campo Dos, los frailes oficiaran la misa ante 80 subversivos armados y vestidos con trajes militares. Ellos oyeron a los sacerdotes cuando les dijeron: “¡llegó el momento de la paz!, llegó el momento del perdón!”.

Estas palabras guardan un mensaje de mucha profundidad para quienes utilizaron el lenguaje de las armas, de las bombas, los secuestros, los ataques a los pueblos y pescas milagrosas. Esta oportunidad que les dio la vida de pasar a la vida civil y de cambiar las balas por la palabra para desde otros escenarios luchar por la construcción de un país incluyente y mejor para todos.

Indudablemente, el Catatumbo debe ser una de las zonas mayormente beneficiadas con la materialización del acuerdo de paz entre la guerrilla más antigua del continente y el Gobierno del presidente Juan Manuel Santos. Ese era uno de los centros de operación más importantes de las Farc.

Entonces el Catatumbo requiere ser atendido con especial consideración en la etapa del posconflicto desde el punto de vista de las inversiones en materia de infraestructura vial, servicios públicos, desarrollo de proyectos productivos agrícolas y pecuarios, alcanzar la erradicación definitiva, con su correspondiente sustitución, de los cultivos de coca en esa importante zona de Norte de Santander.

Con el fin de prevenir que el fantasma del conflicto armado no vuelva a materializarse, es de vital importancia que las Fuerzas Militares copen las áreas de donde han salido las F    arc en esta región fronteriza, porque no es ningún secreto que otras organizaciones armadas ilegales tratarán de llegar a permear esas áreas, con el respectivo peligro para las comunidades que habitan en las zonas de influencia y que podrían ser objeto de desplazamiento, desaparición y asesinato. Es indispensable que el Estado empiece a recuperar el control y a hacer presencia total y permanente.

La paz, en Norte de Santander, tiene que convertirse en oportunidades, en inversión, en inclusión social, en desarrollo, en tolerancia, en justicia social, en más empleo, en democracia real, en el desmonte de la ilegalidad, en el acorralamiento y combate de la corrupción, en mejores prácticas políticas,  en más educación y en seguridad.

Hay que darle la bienvenida a esta oportunidad para la paz en un departamento que al igual que en el resto del país ha vivido los últimos 50 años golpeado por el conflicto. Con lo que está ocurriendo se ha encendido una luz de esperanza.

 

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