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Editorial
Luna de miel rojinegra
El solo hecho de que el balón ruede de nuevo en el gramado del ‘Coloso de Lleras’, es un hecho para remarcar, porque significará el término de 19 meses de una sequía futbolera.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 9 de Julio de 2022

Un nuevo aire se respira en las relaciones entre la ciudad, la afición y el equipo Cúcuta Deportivo, que mañana vuelve al torneo profesional colombiano luego de habérsele sacado ‘tarjeta roja’ por la cantidad de incumplimientos y problemas de toda índole. La medición de que la luna de miel rojinegra está consolidándose, es que por lo menos se ha garantizado la asistencia de público en la mitad de la capacidad de las tribunas del estadio General Santander, por medio de los abonos vendidos, para ocho partidos, en la B.

Viendo los rivales que en esas fechas de local enfrentará el equipo no son muy conocidos ni cuentan con nóminas fuertes, puede decirse que la hinchada ha jugado una carta de confianza con el club que preside el cucuteño Eduardo Silva Meluk, quien fuera la cabeza visible de Millonarios y Medellín.

Se trata de un corte total con el pasado, si recordamos que el último partido profesional que disputó el conjunto motilón en el estadio fue el primero de marzo de 2020, contra  el Bucaramanga.

En aquella ocasión, los asistentes no entraron. Se quedaron en la plaza de Banderas en protesta por unas declaraciones desobligantes de José Augusto Cadena que trató a Cúcuta como una ‘porquería de plaza’.

 Luego llegó la crisis sanitaria por la pandemia del coronavirus, el campeonato se suspendió y cuando los partidos se reanudaron el Cúcuta estuvo jugando de local, en Armenia, en una etapa que transcurrió entre septiembre y noviembre de ese año.

Y esas palabras denigrantes y el pésimo manejo administrativo y financiero que luego llevó a afectar gravemente la tarea deportiva, desencadenó la famosa suspensión  que se desencadenó por la decisión de la Superintendencia de Sociedades de enviarlo a  liquidación y de la desafiliación de la Dimayor.

Ahora, el nuevo amanecer cucuteño juega porque aquella tormentosa temporada realmente quede sepultada, pero no olvidada, y sí muy bien estudiada, para que nunca más se repita.

El solo hecho de que el balón ruede de nuevo en el gramado del ‘Coloso de Lleras’, es un hecho para remarcar, porque significará el término de 19 meses de una sequía futbolera profesional en esta importante plaza del país, durante el partido Cúcuta-Boca Juniors.

No cometerle faltas ni autogoles ni jugadas no santas o maniobras que enturbien el escenario, deben de ser las mínimas normas de comportamiento del conjunto motilón frente a los compromisos adquiridos para superar la crisis y con la propia afición, para no traicionarla en la búsqueda de la consolidación de este activo emocional de la ciudad.

Evidentemente que habrá necesidad de dar un compás de espera para empezar a ver los resultados.  Pero de lógica, la crítica deberá estar ahí como un elemento no de destrucción sino como un factor propositivo en la construcción desde los cimientos del remozado conjunto rojinegro.

A la hinchada hay que pedirle disciplina para que el General Santander sea visto como un ejemplo de convivencia  pacífica y de comportamiento ciudadano, puesto que así se ayudará a que más gente asista, la taquilla crezca y el club cuente con este recurso para atender parte de sus necesidades.

La unión alrededor de una insignia de más de 90 años implica un motivo de satisfacción en la búsqueda de varias metas: volver a la A, consolidar las finanzas y que no se le recarguen solo las pérdidas sino que las ganancias no resulten siendo solo para los socios y no para la institución, llegar a tener sede propia, darle vigor a las divisiones menores, armar el Cúcuta femenino, conquistar otra estrella y volver a vibrar en otra Copa Libertadores.

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