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Editorial
Los silenciosos
Aunque Colombia no tenga esa experiencia, debe prepararse, no solo para recibir eventualmente a una gran cantidad de desplazados venezolanos, sino para apoyarlos.
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Domingo, 24 de Julio de 2016

Lo afirma Martin Gottwald, alguien que tiene por qué saberlo, ya que es el representante adjunto en Colombia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur): hay una llegada silenciosa de muchos venezolanos en situación migratoria irregular que generará situaciones muy difíciles.

El problema grave consiste en que, al saber de Gottwald, la llegada masiva de extranjeros puede complicar la implementación del eventual acuerdo de paz con las Farc, porque lo están haciendo a zonas de las más violentas, donde los grupos irregulares operan desde hace décadas y, además, el arribo de personas desplazadas “muy probablemente sería un factor de desestabilización”.

El funcionario no cita cifras que demuestren la magnitud del asunto, pero su preocupación es suficiente como para alertar a los dos gobiernos, colombiano, y venezolano, y a la sociedad en general de un problema que, al menos en este país, es desconocido.

Es la primera vez en muchas décadas que estamos recibiendo migrantes de un país vecino en condición de refugiados, y de manera masiva. Al contrario, miles de colombianos han cruzado varias fronteras en busca de tranquilidad.

Pero, aunque Colombia no tenga esa experiencia, debe prepararse, no solo para recibir eventualmente a una gran cantidad de desplazados venezolanos, sino para apoyarlos y mantenerlos en buenas condiciones por una largo tiempo.

Es lo mínimo que puede hacer para la gente de un país que, por décadas, ha hecho algo similar por los colombianos que han buscado refugio en Venezuela.

Desde luego, las circunstancias en Colombia son muy diferentes, porque los venezolanos llegan, como indica Acnur, a las zonas más violentas, y preciso, en momentos en que faltan muchos recursos económicos para ellos, puesto que todo el programa de posguerra los necesitará.

La recomendación de la ONU pretende que los dos gobiernos preparen, de manera conjunta, planes de contingencia que incluyan, por ejemplo, un régimen especial de visas de protección a refugiados o de carácter humanitario, siempre más allá de la simple garantía de no devolución.

Sin embargo, la reiterada posición venezolana de no admitir que allí hay una crisis humanitaria podría convertirse en un obstáculo insalvable cuando se trate de elaborar planes conjuntos con Colombia, así esté la ONU de por medio.

La advertencia de Acnur parece ratificarse en el hecho de que en los meses recientes, la Cancillería colombiana ha recibido una creciente cifra de peticiones de asilo y en el aumento de comunidades venezolanas en algunas localidades, lo mismo que en otros países del Continente.

Pero, el hecho de que, así sea para usarlas como ejemplo, un funcionario como Gottwald maneje cifras de miles, es inquietante, como él mismo lo admite. Habló de que el fin de semana pasado entraron a Cúcuta 100.000 venezolanos, “y si un porcentaje mínimo se queda, por ejemplo el 10 por ciento, ya estamos hablando de cifras bastante importantes”. Desde luego.

El hecho claro es que en Cúcuta se ha vuelto a percibir la presencia de los venezolanos, en situación que hacía rato no se daba.

 

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