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Editorial
Los páramos
Al ciudadano cucuteño y nortesantandereano le debe doler el páramo, porque si se destruye, el éxodo será lo único que lo espera.
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La opinión
La Opinión
Domingo, 5 de Febrero de 2023

En materia de medioambiente Norte de Santander puede decir que cuenta con privilegios que, sin embargo, la comunidad en general no conoce o parece no tener el real interés en saberlo, y por lo tanto al desconocerlo pues no los defiende ni está en la primera línea de acción para su conservación.

Estamos hablando de una población 1’491.689 habitantes que debería estar toda comprometida con la defensa de páramos como el de Santurbán o de los humedales, por ejemplo, que en estos días veíamos que tenemos en territorio nortesantandereano 438 y de ellos 35 en el área metropolitana de Cúcuta.

Ojalá así como se vibra, ríe y llora por insignias como el Cúcuta Deportivo, por ejemplo, lo mismo debería suceder por la protección y de la llamada ‘fábrica de agua’ cuya mayor parte se encuentra en Norte de Santander.

Tal vez falta la cátedra paramuna en alguno de los cursos de la  básica primaria y en bachillerato para que los niños y jóvenes de todos los rincones nortesantandereanos sepan que el 73% de Santurbán se localiza en Norte de Santander y el 27%, en el vecino Santander.

Además es bueno recalcar en la región que cuando abren la llave en sus casas, es importante que los habitantes de Cúcuta, El Zulia, Ábrego, Ocaña, Arboledas, Cáchira, Cácota, Chitagá, Cucutilla, La Esperanza, Labateca, Mutiscua, Pamplona, Pamplonita, Salazar, Silos, Villa Caro, California, Charta, Suratá, Tona, Vetas y el área metropolitana de Bucaramanga, sepan que toman y usan el agua para sus quehaceres diarios, procedente de las nacientes que se encuentran en Santurbán.

Sobre todo aquí en nuestro departamento y en especial a los citadinos es urgente recalcarles eso, empezando por los más pequeños de la casa, para ir  creando en ellos la conciencia de la conservación y preservación y, por sobre todo, que Santurbán es de las entrañas nortesantandereanas.

Hay que hacerle entender al cucuteño y al rosariense, por ejemplo, que ese ecosistema es rojinegro y que cuidarlo significa tener una cultura por el agua, es  decir, alcanzar el buen uso y el cuidado del recurso hídrico y entender que somos tan afortunados por la naturaleza, que también contamos con el páramo del Almorzadero.

O sea no es uno sino dos, asunto más que suficiente para que no solamente sean los campesinos sino la región en general la que esté pendiente de cuanto suceda en ellos, desde  lo relacionado con los intentos de emprender megaproyectos de minería del oro, las acciones de delimitación y las inquietudes sobre posibles  desalojos y prohibición de efectuar cualquier tipo de actividad.

Luego de recientes protestas en el nororiente del país, queda ahora pendiente que se adopten los anuncios que acabó de hacer en Málaga (Santander) el presidente Gustavo Petro que no habrá persecución contra los campesinos paramunos, que cada páramo tendrá una solución ajustada a su realidad y su notificación de estar en desacuerdo con la minería a gran escala en Santurbán.

En todo esto es indispensable la intervención de la comunidad, la veeduría, el control social y la misma intervención de instituciones como los concejos que como coadministradores deben exponer sus argumentos y planteamientos.

Es que no puede ser posible que a veces se sienta la mayor solidaridad con el páramo de Santurbán por parte de la ciudadanía santandereana que en la nortesantandereana, eso hay que cambiarlo, no podemos como sociedad en general estar de espaldas a un ecosistema de  la magnitud de Santurbán. Al ciudadano cucuteño y nortesantandereano le debe doler el páramo, porque si se destruye, el éxodo será lo único que lo espera.

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