La Cancillería puede negarlo cuantas veces desee; Migración Colombia, igual; y el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) expresar hasta el cansancio su aparente preocupación por los niños fronterizos, pero centenares de ellos van y vienen cada día como parias por los puentes internacionales de Cúcuta, amparados solo en su buena suerte.
Son cientos que, en muchos casos antes de que amanezca, cruzan cada día desde y hacia Venezuela para asistir a la escuela, sin compañía alguna de parientes, como lo determinan las normas legales colombianas… y sin los permisos obligados.
Que hasta ahora no haya ocurrido nada lamentable no significa que no pueda suceder. ¿Cómo garantizar que un niño no se extravíe o no caiga al río o no pueda ser secuestrado? ¿Cómo estar seguros de que pasó el puente y está en lugar seguro, si nadie controla el paso de nadie?
Que, muy eventualmente, algunos funcionarios de la Dian o de Migración Colombia examinen el equipaje de un viajero, no significa que el Estado tenga idea de qué extranjeros están en el país, pues de ordinario no revisan los documentos. Mucho menos tiene idea de cuántos niños cruzan la línea fronteriza en cualquier sentido. Porque tal vez no todos los que cruzan van a la escuela…
La Opinión ha sido testigo reiterado de estas irregularidades, que prometen subsanar los responsables, pero ni lo hacen ni explican de manera satisfactoria las razones por las cuales no aplican las soluciones necesarias (Desde luego, todas estas irregularidades se dan también en Venezuela).
El caso de los niños es patético: según las normas legales, para que un niño (menor de 18 años) salga del país, debe hacerlo con sus padres, o con uno de ellos y la autorización formalizada del otro, o con un adulto diferente y la autorización de los dos padres y con documentos de identidad que no dejen la menor duda de nada. Pero en los cruces fronterizos de Cúcuta nada de lo anterior se cumple.
¿Podrá Cancillería decir cuántos menores de 18 años cruzan, en cualquier sentido, a lo largo de la frontera? Sin duda, no, como tampoco sabe cuántos adultos van o vienen. ¿Lo sabrá Migración Colombia? Seguro que tampoco, porque, al menos en los puentes de Cúcuta, no se cumplen las normas que regulan el paso fronterizo.
A la Dian no le corresponde controlar los niños, pero es suficiente con todas las fallas que comete al día, para afirmar que el paso entre Colombia y Venezuela, al menos en Cúcuta, es zona de nadie.
Estuvo mucho más organizado el paso de los escolares que vienen a estudiar a nuestras escuelas y colegios cuando la frontera estuvo cerrada. Al menos se podía saber cuántos eran.
Ahora que el paso es libre, pues se corren más riesgos para los menores, excepción hecha de los que vienen acompañados por sus padres o familiares, que no creemos sean la mayoría. Y lo mismo al regreso.
¿Quién responderá por algo lamentable que le ocurra a uno de los centenares de niños de los puentes, los responsables de Migración Colombia, el Icbf, la Policía, la Cancillería, quizás? ¿Quién responde estas preguntas?
