Uno es tradicional, excluyente, discriminador, injusto, aferrado a valores que dejaron de serlo por decisión de la sociedad, homofóbico y hasta racista. El otro pretende ser lo contrario, a pesar de la dura y abusiva oposición del primero.
Son dos países en apariencia irreconciliables, opuestos, en permanente y radical lucha ideológica que, muchas veces, se traduce en situaciones de hecho y actos intolerantes muy cercanos a la transgresión de normas penales básicas.
Aferrados a privilegios de todo tipo y convencidos de que solamente valen sus convicciones, los representantes del país conservador pueden acudir incluso al delito si a través de él pueden frenar el incontenible ascenso del otro país.
Estos dos países están enfrascados en una de las más duras luchas de los últimos años en Colombia, en relación con decisiones cada vez más frecuentes y definitivas de la Corte Constitucional, defensora del contenido incluyente, amplio, democrático y equitativo de la Constitución Nacional.
Un fallo de la Corte Constitucional ordenó al Ministerio de Educación que, en plazo de un año dispusiera lo pertinente para que en el manual de convivencia de cada colegio se garantice el respeto a la orientación sexual y a la identidad de género de los estudiantes.
En busca de cumplir con el mandato judicial, la ministra de Educación, Gina Parody, contrató la asesoría de Naciones Unidas, a fin de que ayudara en la elaboración de políticas generales de guía para los manuales de convivencia.
En el mismo sentido, programó talleres para orientar a los educadores, a fin de facilitar la inclusión de esas políticas, que buscan que en las escuelas de Colombia quepan todos los niños sin ninguna clase de discriminación.
Pero, a este país amplio, incluyente, liberal, tolerante con las diferencias, se le opuso el otro, con acciones que incluso llevaron a distribuir una falsedad a través de internet: una supuesta cartilla del ministerio, elaborada con imágenes de una obra pornográfica belga, con contenido homosexual, según Parody.
Además, lanzaron ataques contra un manual de preguntas orientadoras, cuyo propósito es lograr que en sus manuales de convivencia las escuelas tengan en cuenta las órdenes de la Corte Constitucional. Los detractores, sin embargo, dicen en internet que con esos contenidos se vulneran el derecho de los padres a brindarles una educación sexual a sus hijos acorde con sus principios, e incluso señalan que con ellos se busca una “colonización homosexual en los colegios”.
En realidad, parece no haber duda de que todo se trata de un sistemático embate contra Parody, por su condición sexual: es lesbiana.
En el fondo, se trata de la lucha entre un país retrógrado, conservador, confesional, discriminador, excluyente, representado en viejas castas políticas y económicas, y otro liberal, moderno, progresista, incluyente y laico, fundamentado en la Constitución Nacional.
El hecho concreto es que ninguna de las acusaciones contra el ministerio de Educación es cierta, y así lo ha dicho la ministra. Solo que en materia de intolerancia, ese otro país colombiano aún no da su brazo a torcer. Insiste en vivir dos o tres siglos atrás.
