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Editorial
Llega la democracia
El Tarra y San Calixto están hoy en la vanguardia de la utopía democrática, con un paso pequeño, pero muy significativo.
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Lunes, 6 de Junio de 2016

Con las prácticas políticas actuales de El Tarra y, en especial, de San Calixto, muy probablemente no hubiéramos desperdiciado casi 60 años en una guerra que ni es ni ha sido solución de nada.

Lo que están haciendo en estos dos pueblos nortesantandereanos no es nuevo, no lo sacó del sombrero un mago de la política. Siempre ha sido la base de la utopía democrática: el pueblo es el que decide, nadie más. Ni los más altos gobernantes.

Se llama participación, y la falta de ella fue la gran causa de las causas de la guerra. Como a la gente no la escuchaban, no la dejaban decidir, la excluían, entonces se hizo escuchar a tiros. Y así hemos estado todos estos años.

Estos días, mientras en todos los municipios del país los alcaldes y su grupo de asesores avanzan en las mismas prácticas corruptas que rigen los planes de desarrollo y sus posteriores contrataciones, en El Tarra y San Calixto los habitantes dijeron qué se debe hacer, cómo y con qué dinero. Y punto. Y los dos alcaldes, a hacer.

En El Tarra, por ejemplo, el alcalde, José de Dios Toro, asesorado por la iglesia católica y la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), elaboró un plan de desarrollo sin contratistas y sin pagos, basado solo en lo que el equipo municipal escuchó hasta en el último rincón de la última vereda.

Y fueron tales la participación popular y la transparencia del proceso, que en el momento de la aprobación, con la mayoría del Concejo opositora, todo el paquete fue aprobado por unanimidad y sin modificación alguna.

Cuando habla el pueblo los funcionarios solo tienen que asentir, para eso los eligieron. Infortunadamente, todos los políticos olvidan que, como dijo Alfonso López Michelsen, “mandatario no es el que manda, sino el que cumple un mandato”.

Ahora, en El Tarra, todos conocen hasta el último detalle de cada obra, de cada proyecto, gracias a que, junto a la comunidad ha habido organizaciones populares como el Comité para la Integración Social del Catatumbo (Cisca), creando conciencia política e interés en la necesidad de participar en la democracia.

En San Calixto, los ciudadanos han profundizado todavía más todo el proceso de desarrollo democrático: el secretario de Educación, por ejemplo, será postulado por los maestros y los papás de los estudiantes, y el de Salud, por el personal paramédico y médico de la población.

Lo que lograron estas dos comunidades es, sin duda, un avance inesperado, en especial por lo que estas decisiones tienen de un ejercicio político del que nuestros gobernantes no quieren saber: la participación popular directa en los programas de desarrollo.

Mientras el pueblo esté más cerca de tomar las riendas de su destino, más se alejan las posibilidades de los gobernantes de obtener gabelas y ventajas y de seguir en la práctica corrupta generalizada.El Tarra y San Calixto están hoy en la vanguardia de la utopía democrática, con un paso pequeño, pero muy significativo, que de todos modos ninguna otra comunidad parece haber dado, por falta de conciencia política o por la razón que sea.El hecho esencial es que, por fin, está llegando la democracia real, la de carne y hueso, la de los ciudadanos diciendo qué hacer. Desde luego, lo que falta es una enormidad…

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