El saber donde se encuentra un ser querido para cerrar el ciclo de duelo y al menos tener la opción de ir a llevarle una flor, visitarlo y hacerle una ceremonia de la correspondiente creencia religiosa es algo inherente al ser humano.
Pero en Colombia, en general, y en Norte de Santander, en particular, el conflicto armado rompió esa posibilidad, como si el dolor por la pérdida ya no fuera suficientemente lacerante, en una comprobación de la degradante actuación de los enemigos de la paz que ni siquiera permiten sepultar los muertos pues ellos pretenden hasta borrar su memoria.
Miles de familias siguen esperando hoy saber la suerte de sus deudos cuyo rastro se perdió en medio de la guerra desatada, y quienes no han dado el brazo a torcer en su calidad de buscadores de estas víctimas.
Lo anterior se enmarca perfectamente en lo expuesto por Sonia Rodríguez Torrente, directora regional de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), quien considera esa labor emprendida como maratónica, desafiante y discreta.
Cada uno de esos términos tanto aquí como en el país tienen su razón de ser, en el sentido que el universo de personas consideradas desaparecidas llega a 136.010, de las que 5.500 corresponden a Norte de Santander, mientras los lugares de interés forense para tratar de localizarlos son 14.259.
Pero también debe tenerse presente que esas tareas forenses altamente especializadas hay que hacerlas en medio de un fragor de los fusiles y las bombas que va generando más víctimas de la misma naturaleza.
Y ahí es donde entra a abrirse otro gran dilema adicional, porque es necesario recordar que la misión de la UBPD, que surgió producto de los acuerdos con las antiguas Farc, está limitada en el tiempo para hechos ocurridos antes del primero de diciembre de 2016.
¿Y de ahí en adelante qué sucederá? ¿Habrá que esperar décadas o que los victimarios tengan un despertar de humanidad e informen qué sucedió con quienes se han esfumado en la nueva temporada conflictiva?
Por ejemplo se encuentra la prolongada guerra en el Catatumbo entre el Eln y la disidencia de las Farc. ¿Allá qué sucederá? ¿Irán a crear un segundo capítulo de la UBPD? O les corresponderá a las familias en una carrera contra el tiempo y las adversidades ir tras las pistas que les permitan localizar a sus seres queridos. Lo mismo tiene que pensarse para el Cauca, Chocó, Antioquia, Valle y otras regiones que sufren ese martirio.
El análisis y puesta en marcha de acciones para hacerle frente a ese nuevo y doloroso capítulo, por ejemplo aprovechando la experiencia actual y trabajar en el registro completo de aquellos nuevos desaparecidos en la etapa que requiere una modalidad diferente de búsqueda.
Aunque ojalá fuera factible que en el Congreso de la República, bien sea desde la bancada de paz o de los legisladores de departamentos golpeados por la violencia, para impulsar una extensión de la humanitaria labor misional de la Unidad de Búsqueda y de esa manera llevar más esperanzas, como ocurrió en Cúcuta con 24 entregas dignas y el hallazgo de 13 cuerpos para su identificación en el cementerio de Toledo, recientemente.
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