¿Será que $46.000 millones se encuentran detrás de la puerta o a la vuelta de la esquina? ¿Será que el futuro de por lo menos 35.000 personas de Ocaña y el Catatumbo tiene que seguir siendo la exclusión y la falta de oportunidades?
Estas inquietudes son para los ocho miembros de la coalición mayoritaria del Concejo ocañero que prácticamente sepultaron la posibilidad de que se hiciera una inversión de la cuantía señalada en una nueva y moderna sede del Servicio Nacional de Aprendizaje.
Tanto que la región se queja por el olvido y abandono del Gobierno nacional y ahora que hay un proyecto financiado para la formación técnica y profesional, la obstrucción surge desde el mismo territorio que se va favorecer. ¿Eso qué es?
Lo interesante de todo, es que mientras esta tragicomedia ocañera sigue dilatando y poniendo en peligro de perderse esta opción, en Tibú no hubo problema alguno, el cabildo en pleno autorizó al alcalde entregar el lote y la construcción de las instalaciones del SENA ha quedado asegurada.
Como este pasaje macondiano no puede permitirse que se cierre con la pérdida de dicha inversión, es urgente que se lance un salvavidas para rescatarla, por la importancia social y educativa que representa para esa parte de Norte de Santander.
Hay que conformar una comisión con los congresistas, la Gobernación, la Alcaldía de Ocaña, los concejales, los diputados, los órganos de control y la comunidad, porque dicha iniciativa no puede naufragar, buscando las fórmulas jurídicas y administrativas que sean del caso.
Además, la ciudadanía ocañera y catatumbera espera de la Procuraduría y la Defensoría sus respectivos pronunciamientos de advertencia frente a esta clase de actuaciones que rayan en lo insensato y tienen visos obstruccionistas, teniendo en cuenta que una de las formas de desactivar el conflicto armado está precisamente en tener más aulas y educadores para la formación jóvenes y adultos.
Sí este capítulo de la ‘picaresca politiquera criolla’ termina mal, Ocaña se quedará sin la opción de contar con un centro de formación de mayor amplitud, junto con el Tecnoparque y otras áreas de innovación.
Será que los ocho concejales ocañeros mayoritarios no conocen el desarrollo alcanzado con el centro de formación rural y minero del SENA, en El Zulia, para que midan la magnitud de lo que obras como esas generan en beneficio de las comunidades.
¿Con qué cara mirarán a un joven ocañero o catatumbero que se les cruce en el camino y le diga a estos cabildantes que por su extraña decisión ellos no tienen opción para seguir estudiando y formándose y que pasan al listado de los excluidos?
La Ciudad de Los Caro no puede quedar dentro del imaginario popular como la que dejó perder semejante inversión. Hay que recapacitar. La cordura debe prevalecer. El bien general es la ruta correcta.
¿Por qué si desde hacía tiempo se venía planteando un proyecto de esa envergadura, ahora que hasta la plata está y hay coordinación entre las entidades nacionales y locales, cuáles son las razones para que se le están poniendo tantos palos a la rueda con el fin de que no avance y naufrague? Esa pregunta la debería dilucidar la Procuraduría.
Todo Norte de Santander está pendiente de lo que ocurra con el SENA en Ocaña, puesto que aquí no se trata de política sino de un plan eminentemente social y fundamental para una zona azotada por todos los males y en la que sería imperdonable que se esfumara una millonaria inversión como la planteada.
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