Como la tragedia es inherente al humano, el suicidio que es uno de sus componentes ha ido en evolución, adicionándole tópicos de dramatismo a esta tragedia que enluta familias y marca a la sociedad.
Un primer factor de esa transformación tiene que ver con la localización territorial de esa trágica determinación personal de quitarse la vida.
A diferencia del resto del mundo, América es el único continente que mantiene una tendencia creciente en las muertes por suicidio equivalente al 17 por ciento desde el año 2000 hasta la fecha.
De acuerdo con la Organización Panamericana de la Salud, en ese ranquin se encuentra primero Norteamérica, luego las naciones del Caribe y después Suramérica, con un crecimiento significativo, hecho este que ha despertado inquietud entre las autoridades especializadas.
Ese es un dato que al cruzarse con factores como el estado de la salud mental de la población, el matoneo, el ciberacoso, las condiciones socioeconómicas, la violencia, la exclusión social, entre otros, ayudará a enfocar mejor las estrategias para evitar que siga sucediendo.
En medio de esa especie de ola suicida en nuestro continente, surge entre nosotros otro elemento igual o más alarmante como es el de los intentos suicidas cuya curva de ocurrencia también está marcando niveles muy altos.
En medio de todo, se trata de la mejor medición para tener un mayor acercamiento a este problema que merece toda la atención desde el punto de vista de salud, de acciones preventivas, al igual que atender y enfrentar los factores de riesgo sociales y ambientales que conllevan a la determinación de quitarse la vida, al igual que a la reducción del estigma.
Al superponer lo anterior sobre Norte de Santander se advierten 42 suicidios en el primer semestre de este año, 16 de los cuales se registraron en Cúcuta.
Sin embargo, el panorama tiene más visos críticos al certificarse 747 intentos suicidas en el departamento, hasta el pasado 9 de agosto, lo cual debe llevar a las autoridades de salud y a la institucionalidad a atender la crítica situación.
Ahí es donde tienen que encenderse las alarmas en una región como la nuestra, en donde abundan los riesgos que pueden conducir al suicidio como la depresión, la ansiedad y el consumo de drogas prohibidas.
Volviendo con la Organización Panamericana de la Salud, hay que tener presente su iniciativa contra el suicidio, consistente en reforzar la gobernanza y la coordinación de los esfuerzos de prevención del suicidio; ampliar la capacidad de los sistemas de salud para abordar las conductas suicidas y mejorar la colaboración multisectorial.
Pero igual, algo que nos debe mover a todos, es que sean los adolescentes, jóvenes y los adultos mayores la población más propensa al suicidio, siendo otro indicativo importante para ser tenido en cuenta en el desarrollo de los planes previstos desde las organizaciones especializadas.
El hogar, el colegio, la universidad y el lugar de trabajo son igualmente esenciales dentro del desarrollo de los programas contra el suicidio, puesto que allí es factible detectar y hasta prevenir cualquier intento suicida, mediante el diálogo y la convivencia pacífica.
Gracias por valorar La Opinión Digital. Suscríbete y disfruta de todos los contenidos y beneficios en http://bit.ly/SuscripcionesLaOpinion
