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Editorial
La rueda loca
Es José Vielma, el contradictorio gobernador de Táchira que, así como dice una cosa dice la otra.
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Miércoles, 13 de Julio de 2016

Los mejores mecanismos se echan a perder si la pieza más insignificante se atrofia. Es lo que puede estar pasando en el intento de Venezuela de recomponer su realidad fronteriza, para lo cual el apoyo colombiano será, obvio, determinante.

Sin embargo, en ese mecanismo que se busca perfeccionar, hay algo que no funciona, una rueda loca que entorpece todo intento por poner en marcha los planes venezolanos y toda intención colombiana de facilitarle las cosas a Caracas.

Es José Vielma, el contradictorio gobernador de Táchira que, así como dice una cosa dice la otra, en la mejor imitación de María Expropiación Petronila Lascuráin y Torquemada de Botija, la inolvidable, Chimoltrufia.

En la mañana, ofrece trabajar con Colombia para convencer al presidente Maduro de la necesidad de reabrir la frontera, al mediodía señala que eso de reabrirla está en veremos, porque Bogotá no le inspira confianza, y en la noche, desbarra de Colombia, porque no acepta los planteamientos y las condiciones venezolanas para reabrir. Falta ver cuántas veces cambiará de parecer en sueños.

Sería oportuno que el menos despistado de sus asesores le dijera al oído al señor Vielma que la frontera la cerró Nicolás Maduro, su jefe, y que lo hizo de manera unilateral e inconsulta, y no el gobierno de Juan Manuel Santos, que aún la mantiene abierta para el venezolano que quiera venir, incluido él.

Y como la cerró Maduro, para complacencia y beneplácito demostrados de Vielma, no puede el gobernador hablar en términos como “planteamos esto y lo otro” para reabrir la frontera. Entre las cosas que debe tener claras, está la de que ni él ni nadie en Venezuela está en condiciones de exigir. Los venezolanos están aislados de Colombia, porque Vielma y Maduro y otros funcionarios cerraron la puerta.

Tantas declaraciones contradictorias, y sobre todo tan seguido, tantos ires y venires, llevan a pensar que Vielma aún se cree durante su única —y fracasada— acción como militar, cuando intentando darle un golpe a Carlos Andrés Pérez y con todo el poder militar en sus manos, los coroneles, y él entre ellos, no supieron ni qué hacer. 

El problema es que siempre está atravesado entre Caracas y Bogotá, un día intercediendo, pero otro enredando cosas tan elementales como las que les permiten a los venezolanos moribundos encontrar alivio en los centros asistenciales de Cúcuta, alivio que, entre otras cosas, el estado que él gobierna no es capaz de ofrecerle a nadie.

Con tantas contradicciones que se han visto en las últimas semanas, el mandatario de Táchira, al que toda Venezuela responsabiliza directamente del cierre de la frontera, más que ayudar, se ha dedicado a entorpecer todo el asunto de la normalización. Y Maduro tiene que saberlo: para todos es mejor que Vielma se margine de las conversaciones binacionales. 

Es un personaje que un mediodía invita a colombianos pobres a almorzar con sancocho que él ayudó a preparar, para luego, al terminar de comer, echarlos sin piedad por la frontera, bajo todo tipo de amenazas, seguido de la tradicional palabrería con la que confunde a más de uno.

Lástima por Venezuela. Lástima grande.

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