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Editorial
La paz con el Eln
No se puede olvidar que el Eln es responsable de al menos 6.700 secuestros.
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Domingo, 16 de Octubre de 2016

Cuando los diálogos entre el Gobierno y las Farc tomaron fuerza, uno de los argumentos que más cabida tuvo entre los escépticos, fue el de que la paz no sería real en muchas zonas del país por cuenta de la presencia de otros actores armados que ejercen igual, o incluso, mayores presiones que la guerrilla que lidera Timochenko.

En el caso de Norte de Santander es una realidad innegable. Desde hace varias décadas, el Ejército de Liberación Nacional (Eln) llegó al departamento para convertirlo en uno de sus principales bastiones de guerra, siendo el responsable de numerosos hechos violentos que marcaron drásticamente la historia del departamento.

A pesar del suspenso en que se mantiene el acuerdo con las Farc tras el triunfo del No en el plebiscito, el país se encuentra adportas de iniciar, el próximo 3 de noviembre, una negociación con el Eln, agrupación que cuenta entre sus filas al menos 1.500 hombres en armas, un importante número de milicianos y que ejerce presencia activa en 99 municipios del país.

Aunque no suena conveniente adelantarse a los hechos que puedan derivarse de la negociación después de lo ocurrido con el proceso con las Farc, este diálogo  que tendrá a Ecuador como sede, abre la posibilidad de que, de llegar a materializarse, en Colombia pueda hablarse de una paz completa.

Porque a pesar de que desde los años noventa, este grupo armado ha venido en decadencia, aún conservan el poder para hacer daño en ciertas zonas del país, en las cuales ha hecho presencia por años hasta convertirse en la autoridad de territorios en los que la ausencia de Estado es el pan de cada día.  No se puede olvidar que el Eln es responsable de al menos 6.700 secuestros, en los que 148 personas murieron en cautiverio; 1.317 atentados al oleoducto Caño Limón Coveñas, 151 millones de galones de petróleo derramados, y responsable de al menos 3.000 desplazamientos forzados. .

El inicio de la fase pública de negociaciones aquieta un poco los ánimos en veredas y municipios en los ya se hablaba de un nuevo empoderamiento de esta guerrilla, a través del control que entrarían a ejercer en los territorios que antes controlaban las Farc y en el cobro de extorsiones.

Para el Catatumbo la posibilidad de un verdadero cambio en el modus vivendi de sus pobladores, quienes conviven bajo las reglas y parámetros establecidos por los grupos al margen de la ley, vendrá solo cuando la desmovilización de sus estructuras sea una realidad palpable.

Pensar en un territorio como el Catatumbo, que ostenta el tercer lugar del país con mayor presencia de cultivos ilícitos, sin las dos guerrillas que han controlado a su antojo el sostenimiento de la economía ilegal basada en el contrabando de la gasolina, en la extorsión y  en el cobro de ‘impuestos’ sobre la pasta de coca, es algo sin precedentes en la historia.

Y esa posibilidad está hoy sobre la mesa, con un aliciente adicional: ya se tiene la experiencia de la negociación con las Farc, un importante espejo retrovisor que permitirá corregir desde el principio aquellos asuntos que en los 4 años que duró la negociación en La Habana no se calcularon del todo bien.

De destrabarse la renegociación con las Farc y de materializarse el acuerdo con el Eln, la historia del país, pero especialmente de este departamento podrá empezar a reescribirse.

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