Para el Comité Noruego del Premio Nobel, María Corina Machado “unió a la oposición de Venezuela”, “nunca se dio por vencida en su resistencia a la militarización de la sociedad venezolana” y es “consistente en su apoyo a una transición democrática”.
Que ella conquistara el Nobel de Paz transmite varios mensajes demoledores al Palacio de Miraflores donde sigue atornillado el régimen de Nicolás Maduro, pese a haber perdido las elecciones del 28 de julio del año pasado como lo prueban las actas electorales.
Una Corina triunfadora deja acorralado al dictador Nicolás cuyo aislamiento internacional, sumado a la presión militar estadounidense en la zona del Caribe, tiene hoy cruzando la peor etapa, en 26 años, al chavismo.
La tenacidad de la lideresa opositora ha sido recargada desde Oslo con un Nobel que ahora puede transformarse en un estandarte para profundizar la lucha por la libertad y la democracia en favor de un pueblo que, según ella, no se ha rendido.
Esto ya no es solamente una determinación de carácter simbólico para ayudar al rescate de una Venezuela apabullada por las crisis políticas, sociales, económicas y de violación de los derechos humanos, porque como lo afirma la Nobel Corina se trata de una “señal clara de que el mundo está con nosotros en esta batalla”.
En un juego de palabras podemos decir que este premio internacional arroja luces en el país vecino para seguir y profundizar las acciones que permitan desalojar del poder a un régimen usurpador y llevar al opositor Edmundo González a la Presidencia, para iniciar la reconstrucción nacional.
En la orilla madurista este galardón actúa como una especie de criptonita para debilitarlo más y para recalcarle que se le han acabado las opciones porque la raíz de los problemas son quienes hoy ostentan un mandato que el pueblo no les ha dado.
Debe resaltarse que María Corina Machado hace parte del selecto grupo de 67 mujeres que en el mundo han ganado el Premio Nobel, a lo largo del tiempo.
Esta especie de prestigiosa investidura le da un nuevo aire a la dirigente política para confrontar al desprestigiado gobierno bolivariano cuyo líder es señalado por Estados Unidos de ser cabecilla del Cartel de los Soles por quien ofrece una recompensa de 50 millones de dólares.
Para medir su tenacidad y fortaleza política, surge el recuerdo de cuando hace una década Corina Machado encaró en vivo y en directo por la televisión al presidente Hugo Chávez, durante una sesión de la Asamblea Nacional.
“Usted nos describe una Venezuela distinta de la que sufrimos las madres y los venezolanos”, fueron las palabras de la hoy Nobel Corina, a quien Chávez le contestó: “Un águila no caza moscas”.
Lo anterior muestra que siempre ha sido una piedra en el zapato del régimen que desde el sistema de justicia, al que tiene cooptado, la inhabilitó para ejercer cargos públicos.
Siguiendo en la línea de repudio y férrea oposición al presidente Maduro, Machado le ha exigido: “váyase ya, por la paz de Venezuela”.
Sin duda, este reclamo en la actualidad resuena con mayor fuerza y adquiere más apoyo mundial, al tener como estandarte el Nobel.
La esperanza de los venezolanos, tanto los millones que huyeron como los que siguen en el país, la sintetizó el Comité del Nobel cuando reseñó: “Machado ha mostrado que las herramientas de la democracia son también las herramientas de la paz. Ella personifica la esperanza de un futuro diferente en el que los derechos fundamentales de los ciudadanos son respetados y sus voces, escuchadas”.
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