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Editorial
La inflación
Resultaría interesante que nuestras autoridades probaran hacer algo parecido para proteger el bolsillo de la gente.
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La opinión
La Opinión
Miércoles, 8 de Febrero de 2023

Como una especie de impacto colateral estaría ocurriendo en Cúcuta con los precios de la canasta familiar como con­secuencia de la dolarización de facto en Venezuela y su impacto en la economía en esta parte de la frontera.

La apertura del tráfico vehicu­lar les facilitó a los venezolanos cruzar sin dificultad hacia terri­torio nortesantandereano para hacer sus compras de artículos de primera necesidad que aquí adquieren, bien sea por que sí los consiguen o tienen alguna favorabilidad en el precio.

Para los especialistas económicos, esos nue­vos compradores que llegan a los supermer­cados y establecimien­tos comerciales del área metropolitana de Cúcu­ta, vienen a adquirir los productos en dólares.

Para nadie es un secre­to que en el vecino país la divisa estadounidense se ha convertido en el medio de pago por excelencia, frente a un bolívar afectado por la devaluación y que sigue teniendo un comportamiento como una moneda con pérdida absoluta de poder adquisitivo.

Ya se ha notado que hasta en las estaciones de servicio hay letreros donde se anuncia que se recibe el billete verde, asunto que a la postre acarrea sus consecuencias sobre la capacidad de compra de la población que habita en los mu­nicipios metropolitanos de esta orilla del río Táchira.

Entonces, esa entrada de dóla­res producto de ese alto consumo de bienes por parte de los clientes llegados del vecino país, a la pos­tre lo que nos deja en la práctica es un ‘elemento inflacionario’ que incide en el índice de precios al consumidor, que sumado a otras variables nacionales y locales conllevará a complicadas situa­ciones desde el punto de vista de los presupuestos familiares.

Por tal motivo es razonable que así como se hacen análisis y planes locales para tratar de enfrentar la inseguridad, resul­taría interesante que nuestras autoridades probaran hacer algo parecido para proteger el bolsillo de la gente, cuestión bien difícil de resolver, toda vez que se abrió la frontera.

Es decir, que se ideara una estrategia con los gremios eco­nómicos y los grandes almacenes de cadena, junto con Cenabastos y la Nueva Sexta, por ejemplo, para garantizarles unos precios accesibles a la gente en sus artículos de consumo básico.

Es hablar de la segu­ridad alimentaria que se puede alcanzar con estrategias y alianzas y planes en los que sean tenidos en cuenta los campesinos y los tenderos, porque es indispensable que la inflación se enfrente con diversidad de po­sibilidades.

Debemos tener presente que este impuesto regresivo se siente con mayor rigor entre los sectores de bajos recursos, siendo Cúcuta, en enero, la quinta ciudad en el lista­do inflacionario con el 1,58%, por las alzas en los alimentos, energía eléctrica y el servicio en restau­rantes, según el reporte del DANE.

Luego la ciudad tiene que pre­pararse a capotear el problema y a esperar que se contengan las incidencias nacionales sobre el IPC que no se han podido frenar pese al desestimulo al consumo por parte del Banco de la Repúbli­ca con el incremento de las tasas de interés.

Todo lo que se pueda hacer para que los precios bajen de las nubes en esta parte del país es urgente, como lo demuestra el hecho de haber tenido un comportamien­to inflacionario interanual de enero 2022-2023 que se situó en el 15,91%, uno de los más altos del país.

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