Es una contradicción, pero, como la vida, en el Catatumbo la guerra continúa indetenible. Y, aunque el nivel de violencia es más bajo que hace unos meses, la intensidad con la que se mantiene está preocupando a los dirigentes populares.
La reciente carta de los personeros de la zona exigiendo al Gobierno comenzar un diálogo en busca de acuerdos de paz con las guerrillas del Epl es revelador del estado lamentable del orden público en la que quizás sea la región donde se harán los últimos de la guerra.
El Epl es la tercera guerrilla más grande de Colombia, después de las Farc y del Eln, pero la obcecación del Gobierno, asesorado por sus militares, hace pensar en que se trata de una banda criminal que vive del narcotráfico y de otros delitos, nada más, es decir, sin el contenido ideológico que caracteriza a las organizaciones político-militares clandestinas.
Las mismas cosas de hoy se decían de las Farc cuando los diálogos de Cuba apenas estaban comenzando a buscar los acuerdos de paz que hoy son una realidad incontestable. No hay nada nuevo en esos señalamientos que, por otra parte, tienen todo de cierto en lo relativo al narcotráfico, la extorsión y el homicidio.
Tampoco es nueva la costumbre de los militares del Estado de poner apodos a las organizaciones clandestinas y a sus miembros, en el convencimiento de que esa es una buena manera de ganarles batallas que los otros nunca pelearán.
Desde mediados del siglo pasado, a los guerrilleros los han llamado de tantas formas que algunas ya se olvidaron: chuzmeros, bandoleros, salteadores, gavilleros, bandidos, sediciosos, subversivos, narcoterroristas, como si con desconocer el real término de guerrilleros los desmoralizara o les restara capacidad de combatir.
Hoy, cuando ya la guerra terminó y comienza a vislumbrarse, poco a poco, la paz, todos esos epítetos endilgados a las Farc se olvidaron, y simplemente se habla de guerrilla y de guerrilleros.
Ad portas de sentarse a hablar de paz, al Eln y sus miembros todavía existen algunos que los califican de narcoterroristas, algo que muy posiblemente se dejará de usar cuando las conversaciones estén avanzadas. Moderar el lenguaje no es parte de los acuerdos, pero sí de la política real necesaria para negociar.
Muy lejos de esta situación, para una mayor preocupación de los personeros y ciudadanos del Catatumbo, está el Epl, clasificado como banda criminal, con la cual, eventualmente, no cabe negociación alguna, pues dialogar con delincuentes no es una opción válida, pues se supone que algo que los estados están obligados a hacer es combatirlos con todo su poder, no sentarse a negociar nada con ellos.
Pero los personeros, que de verdad saben que ocurre en la región y conocen a los protagonistas de la vida diaria, consideran que el gobierno se equivoca cuando descarta cualquier posibilidad de acercamiento con Los Pelusos, como los llama, ya que esa decisión prolonga la inestabilidad en el orden público y exaspera a una de las fuerzas que tradicionalmente han protagonizado el conflicto.
Llámelos como quiera, le dicen los personeros al gobierno, pero busque un acercamiento con ellos, antes de que se altere el poco de tranquilidad que ya se respira en la zona. Sin duda, ellos sí saben qué se necesita para sus municipios…
