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Editorial
La doble calzada
Las vías de Norte de Santander deben estar en la carpeta de prioridades en el campo de las inversiones, para elevarla a la categoría de quinta generación.
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La opinión
La Opinión
Sábado, 30 de Diciembre de 2023

Bueno sería que el título de doble calzada se extendiera para cubrir la carretera hasta Bucaramanga. Ahí es otra tarea pendiente en la que el Gran Santander deberá ponerse a trabajar de inmediato.

Lo anterior, porque ya estamos a pocos meses de que oficialmente quede concluida la megaobra Cúcuta-Pamplona, la cual introdujo superestructuras para el mejoramiento de la vialidad y el recorte en el tiempo de recorrido.

Hasta antes de plantearse, estructurarse y desarrollarse ese proyecto que arrancó en la administración del entonces presidente Juan Manuel Santos, Norte de Santander ni siquiera estaba en la era de los túneles carreteros, historia que ha cambiado con esta obra.

De no tener ninguno, ahora contamos con tres pasos entre la montaña, que miden en total 2.877 metros, que entran a ayudar al progreso de la región, logrando una mejor conectividad hacia el interior del país.

Obras de esa envergadura son las que merece Norte de Santander y por tal razón hay que estar muy pendientes de la fase final de la mismas, con el fin de que entre plenamente en operación hacia  finales de marzo y comienzos de abril del año entrante.

Así nos quedará una remozada infraestructura con inversiones superiores a los 2.2 billones de pesos, que igualmente apoyará la economía regional e impulsará el turismo y ayudará a que el sector del  transporte de pasajeros y de carga tenga un mejor desempeño y logre la reducción de costos, por ejemplo.

Sin embargo, todo ese espectacular panorama que ahora se divisa al ir entre Cúcuta y Pamplona, con las nuevas obras que ahora están en la fase de evaluación por parte de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI), tiene un contraste con el trayecto que conecta hacia la capital de Santander.

Por esa razón, a los gobiernos departamentales en compañía de la clase política regional y de los gremios económicos y de la sociedad en general les corresponde la misión de que ese salto hacia una conectividad de alta calidad, cubra ese trayecto.

No hacerlo así, equivaldrá a tener una megaestructura de altísimas especificaciones con el riesgo de quedar subutilizada, porque al estar unida a una carretera como la que va  hacia la capital santandereana que requiere trabajos de la misma magnitud, no tendrá el impacto esperado.

La expectativa que ha venido planteando es que la transitabilidad  pueda hacerse también en doble calzada para que se logre  afianzar el componente de comercio nacional e internacional.

Aquí lo óptimo es que haya una pronta recuperación de ese importante eje vial para que la conexión hacia Bogotá, desde los Santanderes, haga parte de las grandes inversiones en infraestructura y así facilitar que en menos tiempo de recorrido las personas y los bienes que se despachen lleguen a su destino.

Esta opción hay que tratarla con el gobierno del presidente Gustavo Petro, en el entendido que ese eje vial constituye una artera que conecta con Venezuela, país con el cual se avanza en la recuperación del intercambio comercial que precisamente necesita de buenas carreteras.

Y para nosotros es fundamental que la principal vía que nos lleva al corazón de Colombia sea lo mejor dotada posible, porque  también tenemos una debilidad en la carretera Cúcuta-Ocaña, que lleva a la Costa Caribe, la cual también debe estar en la  carpeta de prioridades en el campo de las inversiones, para elevarla a la categoría de quinta generación.

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