Con las cartas sobre la mesa en relación a los equipos que adelantarán las campañas por el Sí y el No en el plebiscito que se convocará para avalar o rechazar los acuerdos alcanzados por el Gobierno y las Farc en La Habana, comienza en el país una de las etapas más trascendentales de la historia reciente.
Por primera vez en muchos años, los colombianos tendrán la enorme responsabilidad de votar para decidir si se da o no el paso para iniciar una nueva etapa en la que las Farc –a quienes el Estado ha tratado de derrotar en las últimas seis décadas– dejen las armas para entrar a la vida civil y política.
Otra gran responsabilidad recaerá también sobre los equipos que adelanten las campañas por el Sí y el No. Los argumentos y mecanismo que utilicen para divulgar y movilizar a la ciudadanía deben ser responsables y basados en realidades, no en supuestos ni en mitos que desfiguren la realidad de los acuerdos.Un tema tan estratégico para todos los colombianos no puede ser manejado, ni por unos ni por otros, sin responsabilidad.
En Cúcuta, las cargas a favor del Sí y el No parecen estar niveladas, según los resultados de la encuesta encargada y publicada ayer en este diario. Del total de los encuestados, el 65% aseguró que acudirá a las urnas y votará el plebiscito. De esos 65%, el 26% aseguró que votará por el Sí, mientras que el 29% se inclina por el No.
El 8% que respondió que aún está indeciso, se suma al 35% de los encuestados que aseguró que no saldrá a votar en el plebiscito, una cantidad para nada despreciable para quienes tendrán la misión de convencerlos y movilizarlos para que participen del proceso y decidan a través de su voto.
Aunque es conocida la desconfianza que tienen la mayoría de colombianos frente a las Farc, grupo con el cual se han frustrados varios intentos de diálogo, sorprende que en Cúcuta el 58% de los encuestados cree que el acuerdo de paz que se firma no le servirá al país. Esto significa que más de la mitad de la población considera que las cosas, con o sin el acuerdo de paz, seguirán igual y que los problemas estructurales del país permanecerán.
Si se analiza con detenimiento, tanto escepticismo no es extraño, pues los males más graves del país, como la corrupción la politiquería, la crisis de la justicia, de la salud, entre otros sectores, finalmente son ajenos al conflicto con las Farc y su erradicación no depende directamente del asunto de la paz.
Muchos colombianos tienen grandes dudas, y lo manifiestan abiertamente, sobre la forma en la que se van a manejar los recursos que se destinen para el postconflicto, que ya alcanza, cifras astronómicas. Si su manejo será igual que el que se le han dado a los recursos públicos del país en los últimos años, quizás el asunto de la paz termine peor de lo que todos imaginamos.
Ojalá que las campañas manejen sus mensajes con total responsabilidad y también, por el bien del país, se enfoquen principalmente en la pedagogía, pues de que el colombiano de a pie entienda la letra menuda de lo que se ha negociado en La Habana, dependerá de que todos sin excepción, puedan tomar una decisión informada y a conciencia.
