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Editorial
La apuesta del turismo
Lo que se está previendo para darle impulso al turismo en la región tiene que asumirse tomando en cuenta problemas pendientes.
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Domingo, 18 de Septiembre de 2016

Las posibilidades del turismo en Norte Santander, como actividad productiva, articulada a una economía de engranaje generalizado vuelven a ser tema de gobierno con nuevo énfasis. Lo dicho recientemente por el secretario de Desarrollo del departamento, Leonel Rodríguez, muestra perspectivas que deben canalizarse hacia proyectos con segura viabilidad.

La selección de municipios con escenarios atractivos es un buen comienzo. Se requiere, eso sí, contar con una gestión puntual de los alcaldes a fin de que en todos los casos se mejoren las condiciones y se garantice la continuada optimación de la infraestructura con la cual se puedan ofrecer servicios que dejen satisfechos a sus usuarios.

Lo que se está previendo para darle impulso al turismo en la región tiene que asumirse tomando en cuenta problemas pendientes. Pero no es para desanimarse sino con la decisión de aplicar las soluciones requeridas sin tardanza.  El mejoramiento de la infraestructura vial que facilite en la mejor forma el acceso a los destinos escogidos debe ser tarea prioritaria. El departamento mismo y la nación están llamados a hacer causa común que permita sacar adelante una empresa llamada a generar beneficios a una población acosada por la falta de empleo y  por lo tanto de ingresos que le permitan satisfacer necesidades básicas.

El turismo que se espera despegue con suficiente impuso es tarea de todos  los días. Los organismos de apoyo ya anunciados deben ponerse en funcionamiento cuanto antes. Y debe ser compromiso de gobierno confiar su manejo a profesionales idóneos, capaces de obtener los mejores resultados en las tareas que les confíen. Porque se trata es de producir beneficios de alcance social colectivo y no de darle gusto a la codicia de unos pocos.

Así mismo se debe tener claro que el fomento del turismo impone una pedagogía de atención especial y hay que educar en ese sentido. En el trasporte, en los servicios de restaurantes y hoteles, así como en otros sitios de atención a los visitantes la conducta de quienes tienen esas funciones debe ser de cordialidad, decencia, oportunidad y en todo, de la mejor calidad. Que no haya lugar a decepciones por irregularidades en el trato.

Es también de desear que la paz sea un gran aliado del turismo en la región. Es cierto que a pesar de los acuerdos ya logrados y el predominio de convivencia  entre los nortesantandereanos, quedan grupos de alzados en armas o dedicados al crimen. Pero se impone un trabajo de quienes están del lado de la paz que se imponga sobre los violentos.

En Norte Santander el posconflicto debe servir para profundizar la construcción de paz mediante la ejecución de proyectos que demuestren que ese es el camino común. Así será posible promover un ambiente en el cual lo predominante sea el respeto a la vida y la preservación de valores que surgen de las corrientes culturales.

Como ya está en marcha la promoción del turismo en Norte Santander, en una nueva fase, hay que apostarle a proyectos  con que se va a jalonar este frente, sin duda promisorio para todos. Y a los fines planteados deben sumase los sectores que deben estar allí, apalancando las iniciativas oficiales y privadas con las cuales se busca llegar lo más lejos posible en este empeño con tantos componentes de utilidad tanto en lo económico como en lo social.

 

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